LOS QUE ENCAÑONAN Y LOS QUE CAVAN

Los discursos de Bildu empezó a escribirlos Clint Eastwood en «El bueno, el feo y el malo»: «El mundo se divide en dos: los que encañonan y los que cavan. El revólver lo tengo yo, así que ya puedes coger la pala». La pala del PSOE está enterrando ahora a mayor profundidad a Jáuregui, Lluch, Pagazaurtundúa, Múgica, Buesa…

Los que encañonan siempre creen que las balas son las únicas que dicen la verdad. Pero la verdad sólo está en las nucas. Cavando. Salvo cuando la víctima es quien protege al pistolero.

Por eso Mertxe Aizpurua, que fue condenada a un año de prisión por apología del terrorismo y dirigió durante un lustro el «Gara», el pasquín oficial de ETA, pudo cantar en el Congreso como una tiplista de zarzuela cutre que hay asesinos y secuestradores condenados injustamente por el «Estado español» mientras ofendía al Rey y se envolvía en la bandera del progreso frente a la derecha represora.

A mí me recordó la escena de «La chaqueta metálica» en la que el sargento instructor Hartman obliga a sus soldados a rezarle a su fusil la oración más miserable de la historia del cine: «Sin mí, mi fusil no sirve; sin mi fusil, yo tampoco sirvo».

Desde que Aizpurua vomitó plomo en el Congreso para investir a Pedro Sánchez, los susurros melódicos del presidente sobre la crisis económica y no sé qué más pamplinas periféricas a las que recurrió ese hombre para no pisar donde quema son la pala con la que España está cavando mientras los pistoleros apuntan.

El PSOE le dio cobertura al oprobio apelando a la libertad de expresión de la bilduetarra. Meritxell Batet repitió la patraña varias veces. ¿Y la libertad de expresión de Alberto Jiménez Becerril, hermano abatido por la espalda de una de las diputadas que tuvo que tragarse la ofensa in situ?

Lo que los camaradas de Aizpurua garantizaron a quienes pensaban distinto fue el silencio eterno. Pero ahí están, soplando el humo desde el templo de la democracia española mientras intentan pontificar sobre los derechos humanos. «Bildu es un partido legal», cacarean como loros los socialistas, podemitas y sus correspondientes portavoces mediáticos disfrazados de periodistas, esos que niegan a otros el derecho a existir y que queman contenedores cuando los españoles votan lo que no les gusta.

Ha sido muy desesperante contemplar cómo el PSOE, que puso tantas nucas en las pistolas de quienes hoy pretenden explicarnos la libertad, se arrodillaba ante la literatura de los verdugos a cambio del sillón. ¿Por qué el tono de Sánchez contra Vox, el PP y Ciudadanos es tan agresivo y, en cambio, contra Bildu es tan condescendiente?

¿Las diferencias ideológicas merecen mayor repudio que los asesinatos? Ninguna idea vale más que una vida, la de quien sea. ¿En qué momento ha pedido perdón ETA o su brazo político por los crímenes cometidos? ¿Cuándo ha entregado las armas? Bildu sólo ha rechazado la violencia después de que las fuerzas de seguridad del Estado arrinconaran a los terroristas, es decir, sólo tras la derrota, cuando ya no había más remedio que coger otro camino.

Pero que nadie olvide que estos santitos participan en los homenajes a los asesinos. Por lo tanto, el PSOE del timador -ya se ha enterado el vicepresidente cuarto Iglesias de que no se puede pactar con trapaceros- ha avalado a Aizpurua para que nos entregue una pala y cavemos mientras nos obliga a rezar, como Hartman, su oración. «Sin mí, mi fusil no sirve; sin mi fusil, yo tampoco sirvo»…

Yo creo que Eastwood se equivocó. El mundo se divide en tres: los que encañonan, los que cavan y los que nos damos la vuelta para mirar de frente, sin miedo, a los ojos de nuestros asesinos. Aizpurua, Sánchez y España.

Alberto García Reyes ( ABC )