LOS ROCIEROS DE LA MONCLOA

Sánchez lo ha recibido a su vuelta de Bruselas una multitud espontánea entre aplausos y vítores, como hemos podido ver en un vídeo grabado al efecto que va a dar un juego extraordinario en los próximos meses, cuando El Niño del Falcon y su guitarrista, Leninito de Caracas, tengan que poner en marcha todas y cada una de las reformas que prometieron derogar cuando el viento soplaba a su favor. Ese será el momento perfecto para volver a poner el vídeo rociero de la entrada del nota en palacio, mientras sus ministros le tocan las palmas taca-taca-taca-taca-tacatacatá.

¿De qué se ríen? ¿Por qué le aplauden? Bueno, es que los asesores de Sánchez les han dicho que lo hagan, a ver si así convencen al espectador medio de que nuestro presidente ha arrasado en la Cumbre Europea y ha derrotado a los países que querían nuestro mal.

Habría sido ésta una victoria a lo Helenio Herrera («sin bajarse del autobús»), porque Sánchez era el único presidente que acudía a los encuentros de la cumbre sin notas ni papeles, como si aquello no fuera con él. En una de las últimas reuniones trincó un bolígrafo de la cafetería y posó con él en grácil escorzo (seguramente ensayado con su chambelán), pero si decidió apuntar algo o hacer un dibujito tuvo que pedirle un folio al primer ministro holandés, toda una metáfora del sentido último de la reunión.

En realidad, a Sánchez le han breado el lomo en Bruselas a base de bien. Iglesias y él querían 140.000 millones de barra libre y han conseguido 72.700 a cambio de poner en marcha una política económica diametralmente opuesta a la que vienen defendiendo desde que formaron Gobierno.

Lo correcto es que le hubieran tocado a Sánchez las palmas de tango como hace el tendido del 7 cuando pide que devuelvan el toro a los corrales, pero era el momento de hacer de la necesidad virtud y dar una ovación de gala, aunque algún despistado en el Consejo de Ministros siga creyendo que la cosa es de celebración gorda.

Socialistas y comunistas celebran por todo lo alto un acuerdo que exige a España tres medidas que les causan pavor, a saber: aplicar la reforma laboral de 2012, reformar el sistema de pensiones y reducir el gasto público. Iglesias llama a esto una «condicionalidad blanda»; en efecto, blanda como el acero y con una enorme capacidad de hacer saltar por los aires al Gobierno sancho-chavista.

Como consigan saltar el otoño, a Sánchez lo despedirán los ministros cuando acuda a la próxima cumbre europea tirándole las bragas, como a Jesulín.

Pablo Molina ( Libertad Digital )