Esta noche pasada, como hace algo más de dos siglos, los sans coulottes han estado de borrachera, sobando por debajo de sus amplias y sucias faldas el sexo peligroso de sus barraganas, gritando canciones disonantes, exhibiendo sus dientes alternos y amarillentos entre risotadas soeces, mientras celebraban, como símbolo de un triunfo de clase de los sin clase, la decisión de Juan Carlos I de fijar su residencia en otro país.

Decía Rubalcaba que en España se entierra muy bien pero yo creo que se quedó corto en la camparación porque en este país de gente bárbara lo que mejor se festeja es la muerte civil de las personas importantes a las que unos envidian, otros odian y el resto les aplaude cuando están en la cúspide.

Sin embargo lo que está más de moda es el odio de los ignorantes que quieren mal de oficio al prójimo, sin saber ni siquiera por qué les cae mal.

Con el Rey Juan Carlos ha sucedido algo similar porque en el fondo no ha hecho nada desencaminado con la tradición hispánica que nos ha dotado de genes amigables con el vino, la lujuria, y el dinero, además de la envidia.

Pero no crean que el tono de mis palabras son el reflejo de una inoportuno ataque de frivolidad porque hoy y los próximos días escribiré sobre la figura del Rey y el momento político de España sin saltarme una coma sobre todo lo que pienso.

A algunos periodistas de mi generación nos ha tocado ser testigos privilegiados de momentos singulares de la mejor historia de España y ése es un valor que nos regaló la vida mientras que otros que hoy presumen de haber peleado en trincheras en las que jamas estuvieron, se erigen en soeces panfletarios de un momento histórico porque ni su formación, ni su inteligencia ni menos aún su falta de rigor histórico les da para algo más que una charlotada en forma de frase ocurrente .

Los momentos criticos dejan desnudo al más pintado y de esta condena no se libra nadie porque los grandes ladrones de la política nacional y autonómica, sindical y empresarial, comisionistas, drogadictos de cocaína , o abusadores de menores , traficantes de personas, chantajistas y un etcétera inababado no pueden quedar exentos del repudio de la gente decente.

Yo por supuesto no pienso resolver mis reflexiones sobre este momento historico en unas pocas líneas y por esa razón dedicaré una serie de artículos a la figura del Rey Juan Carlos I a su protagonismo en momentos difíciles para nuestro país, así como a sus errores, excesos y despropósitos que han teñido para mal su inicilamente honorable ejecutoria.

Será una oportunidad que aprovecharé para hablar de un ambiente político en el que el olvido y el perdón se confundió con la tabla rasa, y la clase política se erigió en salvadora de una patria en reconstrucción que había dejado en sus manos la administración de los excesos, siempre por el bien del país y la democracia, pero “ entre ponte bien y estate quieta” no hubo nadie que mandara parar.

España tiene remedio pero eso será el día que la chusma que nos gobierna, vuelva al Pozo del Tío Reimundo y aquí venga a gobernarnos un sueco …. y sus suecas.

Diego Armario