La grieta abierta entre los ministros socialistas y los de Podemos se agrandó ayer con la decisión de los sindicatos de izquierda de convocar movilizaciones el 11 de febrero contra la decisión de no subir el salario mínimo, contra la congelación de la reforma laboral, y contra la modificación del sistema de pensiones.

Tarde o temprano, la izquierda siempre termina enfrentándose entre sí porque, operaciones de propaganda y demagogia aparte, la economía está en quiebra.

Los sindicatos cada vez tienen menos relevancia e influencia en las decisiones, y a su vez el Gobierno de Pedro Sánchez es rehén de las condiciones que impone Europa para recibir los fondos del plan de reconstrucción.

Jamás serán los sindicatos los que aprieten para derribar un Ejecutivo de PSOE y Podemos, y es conocido que a menudo sobreactúan de cara a la galería.

Pero es un primer aviso contra el discurso vacío de Sánchez porque son ya muchos millones de españoles sin empleo y en situación límite.

ABC