LOS SINDICATOS Y EL INDEPENDENTISMO

Los secretarios generales de UGT y Comisiones Obreras han visitado esta semana a Oriol Junqueras, líder de ERC, en la cárcel de Llenoders, dicen que para conocer de primera mano cómo ve la situación política del país.

Ante algunas informaciones periodísticas que aseguraban que la visita había sido para pedir el apoyo de la formación independentista al posible Gobierno de coalición de socialistas y podemitas, el líder de UGT, Pepe Álvarez, se justificó asegurando que no le pidieron exactamente ese apoyo y que solo hablaron de la necesidad de un pacto de fuerzas progresistas, entre las que incluye a los independentista de ERC, porque «con su voto puede cambiar leyes que beneficien a la mayoría».

Sinceramente dudo mucho de que a buena parte de los trabajadores españoles, cuyos intereses supuestamente defienden UGT y Comisiones Obreras, les haga la más mínima gracia que sus representantes sindicales se metan a hacer de intermediarios políticos con un señor al que los tribunales han declarado culpable de sedición y malversación de caudales públicos.

No sé en qué medida pueden beneficiar a los trabajadores españoles las cesiones que un posible Gobierno PSOE-Podemos se vea obligado a hacer para obtener el apoyo de ERC. Quizás tuviera más sentido que Pepe Álvarez y Unai Sordo hubieran dedicado sus esfuerzos a convencer a Oriol Junqueras de que deje de hacer daño a los trabajadores, a los catalanes y a los del conjunto de España, impulsando un proceso independentista que ha provocado ya la huida de más de 4.000 empresas de Cataluña, y ha relegado a la que durante años fue la región más próspera de España, a un segundo plano.

Algún día los sindicatos y la izquierda de este querido país nuestro nos deberían explicar esa admiración o al menos condescendencia con unos partidos nacionalistas que defienden principios totalmente opuestos a los que en teoría siempre han sido la bandera de la izquierda: la igualdad entre los pueblos, la solidaridad entre ricos y pobres y la universalidad.

Frente a esos principios, el condenado Junqueras cuyo apoyo buscan SánchezPodemos y los sindicatos, defiende la creación de una Cataluña independiente para crear fronteras donde no las hay y evitar así la solidaridad de Cataluña con otras regiones más pobres.

Flaco favor le hacen el señor Sordo y el señor Álvarez al sindicalismo español con esas actitudes, que solo sirven para dar más argumentos a sus detractores, que ya tienen unos cuantos con los escándalos que hemos conocido en los últimos años sobre los cursos de formación, y los ERE.

El pasado miércoles conocíamos el procesamiento del ex secretario general de UGT Andalucía Francisco Fernández Sevilla y otras 14 personas en el caso conocido como «facturas falsas» por presuntos delitos de fraude de subvenciones y falsedad en documento mercantil, con un montante total superior a los 40 millones de euros.

Pero que nadie se equivoque, los sindicatos siguen siendo necesarios y fundamentales en nuestra sociedad y en nuestro mercado laboral para defender los intereses y los derechos de los trabajadores en las empresas, garantizando que los empleados también se benefician de la riqueza que generan, y para negociar las normas que les afectan.

Que en los sindicatos, al igual que en los partidos políticos, haya manzanas podridas que se hayan aprovechado del dinero público no es suficiente para echar por tierra la esencial función que desarrollan para el buen funcionamiento del mercado de trabajo.

Los agentes sociales, empresarios y sindicatos, tienen una ardua tarea para recuperar la credibilidad entre aquellos a los que supuestamente defienden y representan, y créanme, intermediar con presos independentistas para que apoyen un Gobierno Sánchez-Iglesias no me parece la mejor fórmula para conseguirlo.

Yolanda Gómez Rojo ( ABC )