LOS ” SINFERMINES ”

Piense algo insólito, irreal, contradictorio, increíble, incoherente. Pues por mucho que se lo parezca, eso está ocurriendo en España desde que tenemos Gobierno nuevo; o desde antes, cuando el de Rajoy no daba la cara, especialista en el toreo de perfil con el piquito de la muleta del 155 para dar salida al gravísimo problema del independentismo catalán.

Y lo más sorprendente es que a la gente le parece lo más normal del mundo que ocurran estas cosas increíbles, pero ya habituales. Verbigracia: que el presidente de la comunidad autónoma catalana, un sinlacha mandado por un prófugo desde el extranjero, a pie de obra de los Juegos del Mediterráneo, ponga como no quieran dueñas a Su Majestad y al papel constitucional de la Corona.

Que ponga en duda el papel de supremo arbitraje constitucional del Rey. Y el presidente del Gobierno del Reino de España, ojo, del Reino, que en su vida se ha visto en otra, encantado de haberse conocido como inquilino de La Moncloa, en vez de salir en defensa de S. M. y de cuanto representa para la estabilidad y unidad de la Patria, lo que se le ocurre decir es: «Debemos tender la mano». Yo sí la tendía también: mas para darle un buen bofetón al tal Quim Torra que ha ofendido a nuestro Rey.

Se está gobernando a golpe de ocurrencia por vía de decreto-ley. No hay programa de Gobierno: hay decisiones que se toman a lo salto de cigarrón, sin saber dónde se va a caer. Lo que ayer era blanco hoy es negro, y viceversa. Pero como los que tal hacen son los nuestros, mire usted cómo han dejado de manifestarse los pensionistas y cómo, previo pago de su importe, el Gobierno le ha comprado ya la paz social a los sindicatos. Y como todo se pega menos lo bonito, si tal hacen en Madrid, ¿qué en esa Navarra que quieren avascongar a cualquier precio?

Pues más ocurrencias. Lo del alcalde de Pamplona es épico, si no fuese para hartarse de llorar ante los quevedescos muros de la Patria mía. Don Joseba Asirón se presentó a alcalde de Pamplona por Euskal Herria Bildu y salió elegido con los votos de un cuatripartito de los que se llaman a sí mismos «euskaldunes navarros», que debe de ser algo así como si yo digo que soy «andaluz murciano». Pues bien, en este tiempo de gobernar a base de paridas, ocurrencias y demagogias que dan votos, a este Asirón tan navarro no se le ha ocurrido mejor excentricidad que plantear unas fiestas de San Fermín sin corridas de toros.

Con encierros, sí, porque dice que los encierros son lo más pamplonés que se despacha, pero sin que esos toros que al amanecer corren desde los corrales de Santo Domingo a la plaza sean lidiados y estoqueados a la tarde. De modo que el alcalde de Pamplona ha inventado los «sinfermines». Aunque ha garantizado los carteles de este mes de julio, dice que es un tema que debe estar abierto al debate de la evolución de las cosas.

Déjenme que me ría, porque esto de los sinfermines me produce más que indignación, risa. Es, ¿qué te diría yo?, como si el alcalde de Valencia dice que hay que hacer unas Fallas sin que ardan los monumentos en la noche de San José, porque son un peligro de incendio que hay que someter a debate. O como si el alcalde de Sevilla pide una Feria de Abril sin casetas, porque son exponente del clasismo y del señoritismo, y que de caballistas y enganches, nada, que antes hay que abrir un debate.

Así que de momento el alcalde de Pamplona ha mandado a Hemingway a tomar por saco. Haga usted universalmente mundial la «Fiesta» de Pamplona para esto, don Ernesto. Los Criadores de Toros de Lidia, la Fundación Toro Lidia y todo quien tiene dos dedos de frente en la Fiesta Nacional ha puesto las cosas en su punto. Él no lo sabe, pero lo que quiere el alcalde de Pamplona es inventar los «bous al carrer», los encierros sin corrida de toros. En vez de «euskaldunizar» a Pamplona, ¿a que va a avalencianarla?

Antonio Burgos ( ABC )