Solo el temor a perder la rentable posición de privilegio en la gobernación de España en la que Sánchez ha colocado a sus socios evita un final prematuro de la legislatura.

El sanchismo va perdiendo fuelle a marchas aceleradas según sus aliados le van apretando, conscientes de su gran debilidad.

En esta anemia galopante de la fortaleza política mínima para ejercer la gobernación de España, Sánchez parece haber perdido también el control de la Junta de Portavoces del Congreso, que siempre es una carta táctica del Gobierno para jugar a favor de obra en la actividad de la Cámara y que hasta ahora funcionaba tantas veces como un rodillo que evitaba apuros al Ejecutivo en las Cortes.

El lamentable episodio de retorcer la ley para dar acceso a proetarras y separatistas (con antecedentes de sedición) a los secretos y material reservado para la seguridad del Estado evidencia que Sánchez ha perdido el control de la legislatura y que está dispuesto a cualquier cosa con tal de mantenerse en el poder.

ABC