Carme Forcadell y el mayor Trapero fueron los dos grandes felones, los dos grandes traidores, los que encarnaron el golpe al Estado y a la integridad y la dignidad de una amplia mayoría de los catalanes. No tendrían que volver a ver la luz del sol.

Se espera de los políticos que tengan sus ideas y que intenten aplicarlas, y aunque si se saltan la Ley tienen que ser igualmente castigados, es propio de ellos y de la naturaleza de su vocación que puedan tener un cierto sentido de la misión histórica.

Pero la representante del poder legislativo y el jefe de la Policía tendrían que ejercer su cargo por encima de cualquier sectarismo, de cualquier tendencia política, y amparar y proteger a todos los ciudadanos y no sólo a los que piensan como ellos.

Ha sido en este sentido exacta y muy oportuna la advertencia del juez Marchena. Carme Forcadell usó la soberanía del pueblo de Cataluña para atentar directamente contra la libertad de más de dos millones de catalanes, pero indirectamente contra la de todos: primero, porque las leyes de transitoriedad jurídica, cuyo debate y votación permitió el 6 y 7 de septiembre de 2017, eran desvergonzadamente bananeras y totalitarias; y segundo, porque la declaración de independencia del 27 de octubre, cuyo texto ella misma leyó, fue un atropello a la Ley, a la libertad de más de media Cataluña y a la convivencia, pero sobre todo, como quedó demostrado en las horas inmediatamente siguientes, una sangrante burla a los independentistas, que para siempre han de perder sus desafíos hasta que no sean más indignados viendo cómo a Forcadell y los demás farsantes les sale gratis su felonía, principalmente dirigida a tomarles el pelo.

Al final, y como siempre, ha tenido que salir Manolo a recordar que sin Justicia no hay democracia y que la primera norma de la libertad es cumplir la Ley. Forcadell se alzó contra la separación de poderes y usó nuestra democracia y nuestros derechos para acorralarnos, atacarnos e intentar fulminarlos.

Podrá salir de la prisión pero no podrá volvernos a mirar a la cara, por lo menos hasta que nos pida perdón. Siempre he aborrecido a estos soldaditos tan valientes entre la turba echada a la calle y que luego ante el juez dicen que ellos no sabían nada.

Salvador Sostres ( ABC )

viñeta de Linda Galmor