Iglesias y Sánchez han desatado a los monstruos, que campan libres por la política española, cada vez con más poder y capacidad de daño y quizá acaben devorando en primer lugar a los insensatos de sus libertadores.

La semana pasada tocaba derribar la Monarquía, y ésta, acabar con la independencia judicial; con insultos, con leyes ilícitas o con lo que surja.

Bildu odia a los jueces porque encarcelaban a asesinos terroristas, a ERC le asquean porque condenan a los sediciosos.

Los jueces sólo eran aceptables cuando perseguían la corrupción del PP o del PSOE, para todo lo demás estorban. El separatismo no se detendrá hasta domesticarlos, si está en su mano, por las malas como en Venezuela.

Julián Quiroós ( ABC )