LOS TACONES

En esta jungla global  Twitter no  debería cercenar la  libertad de expresión a nadie, porque las excentricidades o las tonterías esféricas son inspiradoras de debates y estimulan la creatividad de quienes las leen con una media sonrisa, porque algunas simplezas no dan para más. Además entre tanta gente aburrida y con frecuencia ociosa es muy sano  que todo el mundo abra la boca, aunque solo sea como acto reflejo del eco que produce lo que dicen los demás.

He descubierto que soy más exigente con la literatura que con la palabrería que pueblan las redes sociales, porque si empiezo a leer un libro y pasadas  tres  o cuatro docenas de páginas no me engancha, lo dejo y cojo otro. En cambio, si tengo frente a mi vista las cosas que escriben en Twitter  los ciudadanos ocurrentes,  inteligentes, brillantes, mediocres o cabreados, no me  pierdo  ni una de sus ocurrencias,  porque  esa red es el mejor campo de estudio sociológico que a día de hoy podemos encontrar.

Además  hay que reconocer que no es fácil desenvolverse en el terreno de la genialidad y la síntesis que son dos condiciones necesarias para estimular la curiosidad de los lectores de esta red que exige concentrar en  280 caracteres lo que se quiera decir,  aunque a algunos les basta con  nueve letras para expresar su todo pensamiento.

Yo soy un seguidor impenitente de las cuentas de algunas  mujeres y hombres que  nos deleitan con su imaginación, su rapidez de reflejos, sus ocurrencias en ocasiones geniales, o su mala leche, que también tiene su punto de interés,  al contar una noticia, recordar un suceso del pasado o responder a una provocación.

Pero tampoco renuncio a leer a los que se esfuerzan por aportar algo al debate  y no lo consiguen escribiendo un tuit  mono o bisilábicos  sin la mínima estructura gramatical de sujeto, verbo y predicado, porque   “ lo que natura non da Salamanca non presta”.

Lo importante es cada uno defienda o ataque a quien le plazca,  con los recursos de los que disponga, aunque a veces a falta de argumentos sean breves y  se parezcan a “La Tacones” a la que un día le dio por criticar a sus colegas de oficio.

Diego Armario