LOS TATUS

La España líquida lleva camino de convertirse en gaseosa porque la que alguna vez fue sólida, aunque solo lo fuera a ratos, es cosa del pasado.

Algún amigo mío que sigue siendo lo que fue – una persona coherente – estuvo por allí hace bastantes años y tuvo que torear todo tipo de morlacos en materia de comunicación, pero yo no le recuerdo insustancialidades, ni trucos baratos ni tampoco operaciones de imagen sorprendentes , entre otras razones porque al inquilino de aquella casa por esos tiempos le acompañaba un cierto carisma, un discurso definido, un arrojo arriesgado y un apoyo social indiscutible.

Se dice que el único retoque de imagen que se le hizo, por consejo de Pilar Miró, fue que se tiñese unas discretas canas en las patillas para ofrecer un aspecto menos juvenil, pero mostró madurez en esos años en los que como no existían las redes sociales no era necesario arriesgarse a hacer el capullo a todas horas.

Hoy las cosas son diferentes porque cuando el que manda no tiene qué decir o carece de algo sólido y estable en la cabeza para convencer a los desagradecidos votantes, no tiene más remedio que llenarles de humo las entendederas, consciente de que el sentido crítico de una parte singnificativa del personal es parangonable a su líquida noción de las cosas serias.

Por eso hoy en día ser un “ vendedor de humos” se ha convertido en una profesión rentable aunque en mi opinión no muy honorable, porque consiste en distraer a la gente con malabares para que no se fije en el truco que le lleva a creer lo que lo que no existe.

Helmut Kohl siempre fue gordo, François Miterrand, calvo, con amantes secretas y alguna hija ilegítima, Margaret Thatcher, autoritaria, a veces intolerante y poco sensible al dolor ajeno, pero ninguno de ellos era de cartón piedra.

Hoy no es necesario tener un discurso coherente y ni siquiera criterio propio, porque esos expertos que solo saben de encuestas les dicen cuándo deben hablar, cuándo esconderse, cuándo decir una cosa y cuándo la contraria, sin despeinarse.

La política hoy está a la altura de sus asesores de quedar bien, y el ejemplo que me ha llevado a escribir estas líneas es una imagen colorida, artificialmente infantil al estilo de las florecillas que pintaban los hippies del “ Haz el amor y no la guerra”. que se le ha ocurrido al gurú redondo de Sánchez para comunicarnos que La Moncloa a partir de ahora será el paraíso del happiness.

¡Con los bonito y casi serio que era el trabajo de analizar encuestas y para lo que hemos quedado¡

Yo entiendo la pasión de la irracionalidad que ha demostrado un joven asturiano que se ha tatuado a lo largo de su brazo el rostro de Mariano Rajoy porque cada uno con su cuerpo hacer lo que quiere y se la machaca como le viene en gana, aunque con ello demuestre un más que dudoso gusto, pero dejar una profesión razonablemente seria para dedicarse a sostener la nada, aunque es algo meritorio, no creo que dé más satisfacciones que el sueldo que cobra.

Diego Armario

viñeta de Linda Galmor