Lo confieso, por tanto …..soy un Zoon politikón, concepto creado por Aristóteles, cuyo significado literal es «animal político» o «animal cívico» y hace referencia al ser humano, el cual a diferencia de los otros animales porque posee la capacidad de relacionarse políticamente; es decir, crear sociedades y organizar la vida en ciudades.

Cierto es que existen también especies animales como abejas, avispas y hormigas (entre otros), también son capaces de organizarse por un objetivo común, pero en ninguna de estas especies se da el sentido de la crítica que es completamente propio del ser humano. Tenemos la facultad de ver (observar) y oír lo que sucede a nuestro alrededor y, sobre todo, tenemos el don de la palabra dicha o escrita para expresar nuestra opinión sobre la forma en que somos gobernados.

Esto último es lo que vienen a expresar los conocidos “monos sabios” que ilustran este post y cuyos nombres (Mizaru, Kikazaru e Iwazaru) significan «no ver, no oír, no decir», sin especificar lo que los monos no ven, oyen o dicen.

Representan, por tanto, a esa mayoría silenciosa que asiste impávida a todo cuanto les rodea, bajo el convencimiento implícito de que poco podrán hacer para cambiar el rumbo de los acontecimientos. No es mi caso, desde luego, porque no pienso permanecer ajeno y en silencio a los continuos atropellos a los que se está sometiendo al Estado de Derecho, que, en definitiva, es lo que va a condicionar al propio Derecho.

Y, si como dice el Eclesiastés, hay un tiempo para todo, creo que en estos momentos no estamos en tiempo de callar sino en tiempo de ver, oír y hablar claramente.

Curiosamente, el nuevo atropello al Estado de Derecho, viene de la mano de una supuesta “libertad de expresión” que es la que, bajo el silencio e inactividad de algunos grupos políticos está permitiendo la violencia en nuestras calles.

Una violencia bajo la falsa reivindicación de una supuesta “libertad de expresión”, bajo la que se encubren delitos de incitación a la violencia e injurias de toda clase. Y es que todos los derechos (incluido el de la libertad de expresión) tienen unos límites, más allá de los cuales entran en colisión con otros derechos, aunque ciertamente, no resulta fácil establecer de modo genérico esta frontera.

Es lo que sucede con el derecho al honor y a la intimidad, la injuria o la calumnia, que son los aspectos que colisionan con mayor frecuencia con la libertad de expresión.  De igual modo, la apología del terrorismo, la incitación al odio o la violencia, así como la discriminación racial o sexual, son otros casos que también llegan a los tribunales después de haberse realizado alguna manifestación verbal o escrita.

No voy a entrar aquí en esa difícil determinación apriorística del derecho a la libertad de expresión, porque los episodios de violencia callejera desatados con motivo del llamado “caso Hasél” no creo que tengan justificación de ninguna clase.

No se trata de ciudadanos pacíficos reclamando mayor libertad de expresión (lo cual sería justificable), sino de una panda de individuos sin credo alguno, saqueando y quemando todo a su paso, muchos de los cuales ni siquiera son españoles.

NI los partidos separatistas (especialmente, los catalanes) ni Podemos, que, para colmo, forma parte del Gobierno, han condenado estos actos y, en una especie de deliro, piden que se investigue la actuación de la policía (caso de la CUP), lo cual resulta tan inadmisible como incompatible con el Estado de Derecho.

José Luis Villar ( El Correo de España )