Es sorprendente —e irritante— la campaña que ha puesto en marcha el Gobierno, a través de los medios afines, para marcar distancias con la ofensiva anti monárquica de Podemos.

Este domingo, sin ir más lejos, los voceros oficiales le cuentan a El País que Sánchez ha movilizado a los suyos para proteger al Rey del escándalo del emérito. Yo no me lo trago. Si de verdad quisiera hacerlo mantendría a las fuerzas de asedio lo más lejos posible de los muros de La Zarzuela. Y no es el caso.

¿No podía haber impedido, o al menos desautorizado, la difusión del video denigratorio sobre la familia real que el departamento podemita de agitprop puso en circulación la semana pasada? ¿Consta en alguna parte que le haya molestado la petición formal de Pablo Iglesias de constituir una comisión de investigación en el Congreso de los Diputados sobre las andanzas financieras de Juan Carlos? En ambos casos, la respuesta pública de Moncloa ha sido la misma: “El PSOE y Podemos son partidos distintos y venimos de culturas diferentes”. Y ya. Con eso basta.

Pero no basta. Nadie entiende que en un gobierno de coalición las “diferencias culturales” de los partidos coligados prevalezcan sobre los objetivos políticos del gobierno en su conjunto. Si fuera verdad que el presidido por Pedro Sánchez quiere proteger a Felipe VI no admitiría que el legítimo particularísimo republicano de su socio pusiera en riesgo su deseo.

No es ningún secreto para nadie —entre otras cosas porque ellos lo publicitan a diario— que los socios elegidos por Sánchez para agotar la legislatura pretenden acabar con el Régimen del 78. Y la manera de conseguirlo es acabar con el rey. Sin él no hay monarquía parlamentaria posible. Adiós al artículo 1 de la Constitución y por lo tanto a la Constitución entera.

Siendo tan evidente el propósito de Iglesias y su cuadrilla, ¿puede alguien explicar por qué les consienten los socialistas llegar tan lejos? ¿De verdad creen que la mejor manera de proteger al rey es permitir que sus detractores sigan alimentando la hoguera que piensan utilizar para devastar la corona?

Mucho me temo que el PSOE que se sienta en el banco azul no juega a lo que dice. Votará que no a la comisión de investigación en el Congreso, claro. Y seguirá haciendo proclamaciones retóricas de apoyo a la monarquía. Nadie le pillará empuñando la pistola humeante tras la liquidación del Régimen.

Pero, entretanto, permitirá que los verdugos se acerquen sigilosamente a su objetivo y pondrá cara de estupor cuando asesten el golpe definitivo. No quiere proteger al rey, solo pretende aparentarlo. Mientras sea Iglesias quien haga el trabajo sucio no tendrá que responder ante en las urnas. Una parte significativa de su electorado no entendería que encabezara la conjura.

Del mismo modo que Junqueras y Otegui se han dado cuenta de que todavía deben ensanchar un poco más la base social de su proyecto independentista, Sánchez parece haber asumido que el debate monarquía-república acabará creando el clima propicio para que la implosión institucional que ha pronosticado Podemos termine produciéndose. Solo es cuestión de tiempo.

Cuando las cosas se empezaron a poner feas —tan feas que Juan Carlos tuvo que abdicar en su hijo Felipe—, Rajoy y Rubalcaba encararon la situación mano a mano. Aquel PSOE no era el mismo de Sánchez, desde luego. Era un partido de Estado.

Y aunque es verdad que la cercanía de entonces entre los dos grandes partidos no bastó para resolver el problema de fondo, al menos contribuyó de manera decisiva a que Felipe VI, durante los primeros años de su reinado, pudiera recuperar la confianza de los españoles en la institución monárquica.

El rastro de pólvora de las mangancias del rey emérito es una mecha encendida que amenaza con dinamitar el crédito recuperado, es cierto, pero no deja de ser indicativo que la crisis que afecta a la jefatura del Estado se haya ido haciendo más grande a medida que se ha incrementado la distancia entre el PSOE y el PP. Si de verdad quiere proteger al rey, lo primero que tiene que hacer Sánchez es restablecer la comunicación con Pablo Casado.

¿Pero quiere? Mucho me temo que no.

Luis Herrero ( Libertad Digital )