LOSANTOS Y LA LISTA COMUNISTA DE PODEMOS

Por si los votantes de Podemos (muchos de ellos desilusionados tras el polémico episodio del chalé) albergaban algún atisbo de esperanza ahí está el periodista para echarlo por tierra.

Con mucha guasa vuelve este lunes Federico Jiménez Losantos en su columna de El Mundo a cachondearse de la pareja que lidera Podemos a costa del chalé de la polémica, al que ha rebautizado como Villa Tinaja con no poca mala leche.

Y es que al periodista le duele “ver a los zares de Galapagar quejándose de ver su intimidad atropellada. Ellos llamaban a los escraches “jarabe democrático” y jaleaban a AlfonBódalo y la manada de Alsasua, pero era la violencia necesaria para la reforma agraria: convertir los minifundios en latifundios, o sea, fincas. Como diría Becablack Errejón, supondrá un gran “cambio de paradigma” que Podemos lleve en su programa electoral el “derecho a una finca digna” con esos “sueldos dignos” que “quieren para todos” y exhiben pedagógicamente: “sueldos piloto” + “fincas piloto” = Villa Tinaja”.

Pero si a los votantes de Podemos (muchos de ellos desilusionados tras el contradictorio episodio del chalé) les quedaba algún atisbo de esperanza ahí llega Losantos echando mano de la Historia para rematar lo que les quede de credibilidad: “Es la gran tradición roja. Tierry Wolton cuenta en su recentísima y admirable Histoire mondiale du Communisme cómo Lenin se quedó la finca de MorozovTrotski, que llevaba en su lujoso tren blindado cocinero propio, la de Yussupov, y así el Politburó, la Cheka y 5000 bolcheviques, que vivían en el Kremlin y dos hoteles en Moscú con 2000 camaradas criados.

Nadie contó todas las casas de StalinFranqui decía de Fidel: “mujeres y casas, unas cien”. Mao se quedó Ziananghai en la Ciudad Prohibida, con parque y lago; y las 27 provincias chinas tenían mansión con piscina olímpica por si alunizaba. Tito se hizo regalar 40 palacios. Ceaucescu destruyó el centro histórico de Bucarest para erigirse el mayor palacio del mundo. Mao arrasó el de Pekín para que un millón de chinos lo aclamara en Tiananmen. Y su esposa, Qiang Jin, mandó matar a todos los gorriones, grillos y cigarras de los alrededores, que no le dejaban dormir. Espero que Irene sea más compasiva”.

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