LUEGO LLORAREMOS

La pregunta es un poco cruel, pero sobrevuela el ambiente: ¿Estamos ante la peor clase política desde la llegada de la democracia? «Probablemente», como decía aquel viejo anuncio de cerveza danesa. El debate es de ínfimo nivel. El oportunismo para salvar el pellejo en las urnas se antepone a todo esfuerzo para mejorar el país a medio plazo. El sectarismo y la egolatría abortan cualquier consenso elemental por el bien de España.

El cantamañanismo está al orden del día. Véase el envite catalán, donde la respuesta constitucionalista semeja estos días un guiñol de los hermanos Marx. Sánchez, socio de los separatistas hasta anteayer, se envuelve ahora en la bandera española para rebañar votos y amenaza con el 155. Rivera, reticente al 155 la primera vez que Rajoy lo planteó contra el golpe, es ahora su más ardoroso paladín.

Al tiempo, Ciudadanos presenta una tardía moción contra Torra, incongruente con el hecho de que Arrimadas regaló su victoria electoral en Cataluña con su inacción y acabó dejando tirados a sus votantes escaqueándose a Madrid. Casado, que en la campaña de abril pedía el 155 a diario y aseguraba que sería su primera medida de Gobierno, ahora sostiene que todavía no se dan las condiciones. En el populismo comunista, Iglesias y Errejón siguen estando de acuerdo en algo: con su tontuna antipatriótica, ambos le hacen el caldo gordo a los golpistas.

Pero donde el vuelo raso de nuestros políticos se torna más lacerante es en el modo en que se fuman el problema económico a solo cinco semanas de unas elecciones. El gallinero público se alborota con fruslerías varias, pero nada se habla del asunto medular que de verdad marcará nuestras vidas: ¿Qué proponen nuestros gobernantes para afrontar la tromba económica que viene?

Ayer el clarín del Ibex ya dio un aviso explícito: la mayor caída en dos años. Por la mañana conocimos el peor dato de creación de empleo en seis. Y esta misma semana, frenazo del crecimiento y datos que muestran que la trituradora de los ERE ya está de vuelta. Merkel, menos apolínea que nuestro Pedro, pero un poco más seria, reunió el martes en una suerte de comité de emergencia a los responsables del FMI, OCDE, Banco Mundial y OMC. Todos concordaron en que ya estamos inmersos en «una recesión gradual», que lógicamente sacudirá también a España.

La amenaza de otras crisis nos pilla sin Gobierno -y con pinta de que tras el 10-N seguirán sin salir las cuentas-, sin presupuestos, en la berza y perdiendo miserablemente el tiempo con las barrabasadas de un chiflado xenófobo, Torra, al que el Estado debería haber metido en vereda hace ya dos años.

A los españoles, pueblo alegre de cañas, tapitas, Netflix y fútbol, nos aburre la economía. Los grises datos contables nos provocan sopor. Ya lo dice Carmen Calvo: «El dinero público no es de nadie». Luego lloraremos cuando toque de nuevo cirugía de hierro…

Luis Ventoso ( ABC )