LUZ VERDE A LA SENDA DEL CHANTAJE

La abstención de dos enemigos de la Constitución como ERC y Bildu permitió ayer a Sánchez aprobar la senda del déficit, umbral de los Presupuestos. El sanchismo consiste en la normalización de la anomalía democrática, de modo que habrá quien no se escandalice de que un partido promotor del golpe separatista en Cataluña y los herederos políticos de ETA sean los principales sostenes parlamentarios del Gobierno de España.

Pero el hecho es que lo son. Lo fueron en la moción de censura, luego en la investidura y ahora Sánchez espera que lo sean también en la tramitación de las cuentas para todos los españoles, que incluirán necesariamente todas las concesiones asimétricas al nacionalismo insolidario del que depende el poder de Sánchez.

La primera pista de esas concesiones figura en el propio texto aprobado ayer: no solo un incremento del techo de gasto para 2020 del 3,8% para este año, sino un inesperado aumento adicional del 3% para el que viene. La ministra Montero no informó en ningún momento de que el Consejo de Ministros hubiera acordado ese segundo techo de gasto, que supone colar un incremento del 3% sobre el de 2020.

Mediante esta maniobra de filibusterismo, la ministra evita pasar un nuevo trámite parlamentario específico antes de elaborar los Presupuestos para 2021. Parece obvio concluir que ese aumento de gasto, amén de llevar aparejado un correlativo hachazo fiscal que permita pagarlo a costa de los bolsillos de las clases medias, se destinará a tratar de satisfacer las exigencias de los socios de Sánchez, entre ellas los más de 4.000 millones de euros adicionales prometidos a Torra, un supremacista inhabilitado recibido en Moncloa con honores de jefe de gobierno extranjero.

La cronología de las noticias a veces arroja coincidencias elocuentes. El mismo día en que el separatismo más radical mostraba su respaldo presupuestario a Sánchez en el Congreso, la Junta de Tratamiento de la cárcel de Lledoners acordaba aplicar el artículo 100.2 del reglamento penitenciario a Oriol Junqueras y a Raül Romeva. Los dos saldrán seis horas al día tres veces por semana para trabajar en tareas de voluntariado, en virtud de esa suerte de medida de gracia o indulto gradual que puede aplicarse porque el Supremo, en su sentencia condenatoria, no quiso estimar la petición de la Fiscalía de que los condenados no pudieran acceder a un régimen de semilibertad hasta cumplida, al menos, la mitad de la condena.

Así que Junqueras, en virtud de la transferencia de las competencias penitenciarias a la Generalitat que ahora el PNV va a arrancar a Sánchez para el País Vasco a cambio de su apoyo a los Presupuestos, saldrá próximamente de prisión para poder pilotar la precampaña con mayor comodidad, sin haber mostrado signo de arrepentimiento -más bien de reafirmación en el desafío- y ni siquiera dar garantías a Sánchez de un voto a favor de sus cuentas.

El Mundo