MADERA DE TIRANO

Las dictaduras  permanecen en la memoria colectiva de los pueblos porque son etapas de prolongada impunidad durante las cuales nadie se siente seguro, ni siquiera los tiranos que necesitan estar blindados contra posibles acciones contra su vida, ni tampoco sus afines que en cualquier momento pueden  caen en desgracia ante el desconfiado sátrapa al que sirven.

Estos días conmemoramos el final de la segunda guerra mundial y lo hacemos en un momento de recesión histórica protagonizado por la irrupción en la política europea de personajes  indeseables, moralmente huérfanos de principios, desaliñado su intelecto y con una vocación xenófoba y liberticida que reúne en un similar proyecto a la indecencia de la extrema izquierda con la locura antidemocrática de la extrema derecha, según países.

Europa se rompe en pedazos y Estados Unidos, que fue la potencia que allá por la primera mitad del siglo XX nos ayudó a vencer al nazismo, hoy compite en errores históricos y tics xenófobos con  lo peor de nuestra casa continental.

Los que tenemos  memoria o hemos leído la historia de aquellos dramáticos años sabemos que los errores llaman dos veces a la puerta de las naciones,  y los individuos con madera de tiranos están siempre preparados para abrazarlos en su propio provecho y en contra de la vida y la libertad de sus pueblos.

A veces miro a mis hijos y a mis nietos y temo por ellos porque les estamos pagando un sueldo de ricos a políticos que en otras circunstancias estarían en la cola del paro, en el botellón del fin de semana o en la cárcel por violentos, pero se sientan en los escaños de los parlamentos nacionales o autonómicos, al igual que sucede en otras naciones de nuestro entorno con las que compartimos la desgracia de un deterioro intelectual y moral sin precedentes de sus dirigentes.

La estrategia que siguen es el deterioro de las instituciones democráticas y la sustitución de su legitimidad por el populismo barato – que al final nos saldrá muy caro –   y de promesas vacías que jamás cumplirán,  para un pueblo  fácilmente manipulable, al que engañan, desprecian y en cuyo nombre hablan.

Ver a Pablo Iglesias en un escrache frente al Tribunal Supremo junto a ciudadanos que reclaman que les devuelvan sus gastos de hipoteca, cuando él se ha comprado una mansión de más de 600.000 euros a un  interés de privilegio que le ha dado el banco que financia a los golpistas catalanes, según nos informó un destacado dirigente económico de este país,   es la prueba del algodón de la estrategia golpista en la que están implicados.

Pero los embates contra nuestra democracia vienen también de otros sectores sociales y políticos de un lado y de otro, y no es cuestión de achacarles falta de formación o de memoria a esos liberticidas, cuyos comportamientos son vocacionales.

Los golpes de estado hace tiempo que no se hacen con las armas y los tanques: basta con destruir las instituciones del estado y sustituirlas por la chusma que está detrás de esa operación y que tienen madera de tiranos.

El problema que tenemos en España es que los profesionales del golpe tienen cogido por sus partes blandas a un tonto ególatra y sin principios que los necesita como socios.

Diego Armario