Me resulta mas que conveniente una previa aclaración: no milito en El PP ni en Vox y ni siquiera voto en Madrid, así que mis consideraciones gozan de sustancia puramente intelectual, aunque no absolutamente desinteresada, desde el momento en el que, como ya he escrito en estas páginas, lo que se va a vivir en Madrid el próximo 4 de Mayo no es un debate de eficiencia en la gestión de la comunidad, sino una confrontación ideológica de corte mas bien radical a la que, por cierto, tan acostumbrados estamos en España. Y, claro, no me resulta indiferente de qué costado se incline la victoria.

Con esta precisión previa me enfrento a las predicciones estocásticas que auguran una casi desaparición de Ciudadanos y una hipotética, pero posible, situación extraparlamentaria de VOX al no alcanzar el límite madrileño del 5 por 100. Con todos mis respetos, la primera de las predicciones, esto es, la no entrada de Ciudadanos —que tendría muy posiblemente consecuencias letales para el partido— es coherente con lo que ha venido ocurriendo en los últimos tiempos, porque cuando algo se desliza por una pendiente, la posibilidad de siga recorriendo el sendero hasta su consumación es bastante plausible.
No dudo de la capacidad de sus dirigentes, Sra. Arrimadas y señor Edmundo Bal, pero los tiempos que corren, guste o disguste, no son fértiles para los movimientos mediopensionistas, para lo que llaman con mas geometría que política el “centro”. Lo cierto es que la historia hispánica de los partidos centristas es mas bien recurrente: se inicia con ascenso hasta un punto en el que la bisagra provoca el descenso con destino a la desaparición.

Pero, ¿ y qué sucede con Vox? ¿Cómo es posible que un electorado caracterizado por su fidelidad, se aleje de la urnas de ese partido ni mas ni menos que en Madrid, en donde los datos históricos demuestran que la cosecha de votos es clara, sobre todo en términos relativos con otras partes de España? La respuesta parece estar en estas dos palabras: voto útil.

Dado que el axioma básico es confrontación ideológica entre la “derecha criminal” —así la llama Pablo Iglesias— con la “izquierda solidaria” —presuntuosa denominación del exvicepresidente— , se pregona que lo útil, lo políticamente efectivo, reside en votar al PP porque es el partido que mas probabilidades tiene de alcanzar la victoria y, consiguientemente, no sólo gobernar Madrid sino, adicionalmente, dejar claro quien triunfa en la contienda ideológica.

Pensemos: ¿acaso en Madrid funciona el mismo modelo de cómputo de votos y asignación de escaños que en las elecciones generales? La respuesta es no. ¿Acaso no nos encontramos ante un modelo sustancialmente proporcional? La respuesta es sí. ¿No quiere decir ello que los votos y los escaños de Vox no restarían utilidad marginal al PP?. La respuesta nuevamente es afirmativa. Votar a Vox en Madrid ni perjudica al PP ni a la “derecha criminal” porque no seria obstaculo para su posible triunfo e en la Comunidad Madrileña.

Y, sin embargo, seguir las recomendaciones del voto útil y sustituir el voto a Vox por el voto al PP, produciría consecuencias que, en mi opinión, podrían ser, no sé si indeseables pero desde luego indeseadas, para aquellos que soportaron el nacimiento, consolidación y crecimiento del partido.

¿Por qué nació VOX? Porque una buena parte de los votantes del PP se sintieron defraudados con las políticas mediopensionistas de su partido, sobre todo en la época de Mariano Rajoy, pero, en todo caso, al contemplar que a pesar de gozar de dos mayorías absolutas, no abundaron en la ejecución de sus promesas electorales inmersos en un pactismo que quizás reflejara una especie de complejo respecto a la tan pretendida como absurda superioridad moral de la izquierda.

Recibió ese conjunto de personas una suerte de desprecio en forma de considerarles una mera marginalidad sin futuro, una anécdota en el espacio político, hasta que la evidencia se impuso y se convirtieron en la tercera fuerza política y en ese instante del desprecio se pasó al ataque, pero no desde la izquierda comunista o socialista, que también, sino desde las filas del propio Partido Popular, tal vez consciente de que la presencia parlamentaria de Vox con un número mas que considerable de diputados, se convertía en una llamada a la mala conciencia de quien sabe no haber cumplido las promesas y defraudado las expectativas.

De este modo, si ahora VOX interrumpe su consolidación y se aleja del parlamento madrileño en beneficio del PP la derivada a obtener por ese partido será muy clara: retorno a la marginalidad porque se ha entendido el modo y manera de proceder de nuestro partido. De hecho, creo que el líder del PP, ya, anticipándose a esta situación, ha efectuado declaraciones sobre lo nefasto del multipartidismo… Si a eso añadimos el ataque que protagonizó en sede del Parlamento nacional contra VOX tendremos el asunto diáfano.

No sólo el PP no se ha alineado con el grupo de votantes que dieron vida a VOX sino que, como acabo de decir, arremetió contra ellos en sede parlamentaria de un modo para muchos sorprendente. ¿Algo ha cambiado en ese territorio? No lo veo.

¿Acaso se puede decir que la señora Ayuso es diferente y que es mas “comprensiva” con Vox?. Puede, pero sabemos como funciona un partido político: el líder es el líder y el gran error de Ayuso sería dar a entender que quiere confrontación, partidista y doctrinaria, con quien ocupa la posición de mando en su organización. La experiencia demuestra que sería un claro suicidio político.

La derecha sociológica debe entender que VOX es imprescindible para marcarle al PP su personalidad, para que de una vez se decante en qué plataforma ideológica quiere moverse. Si vuelve al centrismo mediopensionista, Vox tendrá su sitio.

¿Consentiría el PP un gobierno con VOX después del ataque parlamentario ejecutado? Es necesario para la derecha de este país que el PP aclare su respuesta. Si desaparece VOX en Madrid, aunque algunos digan lo contrario, se transmitirá una sensación de “cuesta abajo” que acabará afectando al nivel nacional.

Por ello es imprescindible que subsista tras el 4 de Mayo, no sé si para gobernar, pero sin duda para convertirse en la conciencia del PP, marcando el territorio en todo momento. Y si desaparece de este escenario se habrán perdido tiempo, esfuerzos y sobre todo se hurtará el inevitable debate sobre el papel ideológico de la derecha en este primer cuarto del siglo XXI en un momento de profundo cambio mundial.

Asistimos impávidos a una globalización, que no es sino un estandarización del control por el supradpoder, y a la consiguiente desaparición fáctica de los Estados nacionales, no tanto en manos de supraorganizaciones políticas como de superestructuras financieras construidas sobre la libertad de circulación de capitales y el artificial dinero financiero.

¿ Cuál es la respuesta de la derecha al nuevo escenario ? Hay que obtenerla nítida, clara y rotunda antes de que sea demasiado tarde.

Mario Conde ( El Correo de España )