MALA ESPINA

Mala espina nos da octubre y lo que pueda pasar. Un octubre, hace justo cien años, se tiñó de rojo el mapa de Rusia, y la mancha se extendió por media Europa con su estela de muerte, hambre, mentira y destrucción; y después por medio mundo (telón de bambú incluido).

Y en octubre tenemos el mayor desafío a la unidad de España desde la II República, con el referéndum de los secesionistas catalanes. Y no sólo por la crisis catalana en sí (que puede degenerar en estallidos de violencia), sino también por la onda expansiva que puede provocar en la política nacional.

Las naciones no son eternas… basa contemplar el mapa de Europa y ver cómo han cambiado las fronteras en los cien últimos años. Imperios enteros y antiguos se han fragmentado en mil pedazos y han surgido nuevos países. No demos por supuesto que España -cinco siglos de unidad desde Isabel y Fernando- se vaya a mantener tal cual si no se protege la unidad de la amenaza de fuerzas centrífugas que tratan de desmembrarla.

Una fuerza es el independentismo -ahora más ciego y radical que nunca- ante el que el Gobierno de Rajoy no aplica otra medicina que el apaciguamiento, de ineficacia probada, como se pudo ver con Chamberlain haciéndole la ola a Hitler en 1938 -y así lo recordaba Isabel San Sebastián en el último Encuentro Actuall-. Veremos en qué acaba la cosa.

Y la otra fuerza es la izquierda radical que -fiel a su ADN leninista- no cree en la patria sino en la revolución, ni en la democracia sino en la conquista del poder, caiga quien caiga.

Las dos amenazas penden como espada de Damocles sobre el Gobierno de Rajoy. La primera es más inmediata y que se conjure o no depende mucho de cómo gestione la crisis secesionista. La segunda es a medio plazo y puede materializarse a través de una moción de censura o de unas elecciones generales anticipadas. Sería la ocasión que tendrían Podemos-PSOE y los nacionalistas para reeditar la pinza de un Frente Popular, tomando pie de la crisis catalana, aprovechando que el Llobregat pasa por Barcelona.

No es fácil hacer pronósticos, dado que todas las posibilidades están abiertas. Conociendo el percal, no es descartable un pacto del aprendiz de Chamberlain con lo que quede de los secesionistas catalanes, y una reforma constitucional que se traduzca en más dinero para los chantajistas y más persecución para el castellano en Cataluña. Algunos gestos -como el del ministro de Economía llevándose la mano a la chequera- abonan la sospecha de que quizá ese pacto ya se esté fraguando detrás del telón, antes de que en el escenario se haga la performance del “butiferrendum”.

Ni es descartable un nuevo embate de una izquierda que no cree en España (Iglesias desde luego, pero tampoco Sánchez con su “nación de naciones” y su cacao mental) y que no ha renunciado a su atávico sueño de asaltar el poder atajos mediante -como se vió tras los atentados de Atocha, el 11-M-.

Tiene en contra, el descrédito de Pablo Iglesias -ya se vió en Zaragoza que los trucos y las mentiras no le sirven de nada- y la pérdida de peso de Podemos. Pero la situación es tan volátil e inestable que todo puede ocurrir, según lo que pase en Cataluña.

Este tipo de procesos los carga el diablo y luego ya no hay forma de pararlos. Nuestra misión es analizar la situación, describir el mapa y alertar de los peligros, conscientes de que la unidad de España y el bien común son valores por los que debemos luchar.

Actuall El Brief