MALAS COMPAÑÍAS

A Carmen Calvo le ha debido sentar como una patada en salva sea la parte que una de las ministras del gabinete que vicepreside  se comporte como un camionero recién desayunado con una copa de orujo blanco, tras haber mal dormido en la cabina de su máquina de  cinco ejes.

Yo la comprendo porque la labor que viene haciendo con denuedo para que todos nos saquemos el carné de feminista militante, se puede venir abajo por la salida de pata de banco que ha tenido la ex fiscal Dolores Delgado diciendo que  “prefiere trabajar con tíos a hacerlo con mujeres”  y de paso se permite llamar maricón a un compañero ausente.

 Una actitud así desmerece de la exigencia talibana que ha impuesto la vice  sobre todo sin existe el problema añadido de que la hembra lenguaraz es notaria mayor del Reino  y  podría parecerle a algunos que  lo que ella dice es palabra del dios pagano de la justica.

De todas formas yo intento comprender a la “por ahora” ministra de justicia  porque es muy complicado ir por la vida con el vademécum del buen feminista aprendido de memoria o a mano para consultarlo cuando se plantee una duda de expresión verbal, adecuada o condenable.

Debería quedar a tomarse un café   con Arcadi Espada a ver si se ponen de acuerdo en qué circunstancias está permitido llamar maricón a alguien que reconoce serlo, y en cuáles ese apelativo tiene solo carácter provocador para fastidiar a un varón que va de macho.

Eso no pasaba con el gobierno de Rajoy donde los gais, reconocidos o tapados, no son objeto de agresiones verbales porque siempre se ha dicho que la derecha en el plano moral es menos fundamentalista que los progres de salón que en materia de bragueta prefieren ir de clandestinos.

En este asunto  cada uno ha puesto el foco en el lugar que más le inquieta y he de reconocer que el único que ha actuado con la dignidad que se requiere ha sido Pablo Iglesias, porque ha ignorado el lenguaje sexista de la ministra y ha subrayado que su pecado imperdonable consiste en reunirse con un mafioso especializado en la extorsión desde las cloacas del estado como el comisario Villajeros acompañado de un ex juez prevaricador con ansias de venganza, mientras hablaban de remover de sus opuestos a algunos policías incómodos.

No sé qué pasara con la señora Delgado en los próximos días, pero ser ministros se ha convertido en los últimos tiempos en una profesión inestable y de riesgo.

Diego Armario