Lo peor de convertir la sanidad en una causa estrictamente ideológica, como hacen el Gobierno, los partidos de la izquierda al unísono y los sindicatos, es que cualquier crítica por legítima que sea pierde su razón de ser cuando se basa en mentiras o en una mera operación de acoso y derribo.

La Comunidad de Madrid inauguró ayer un nuevo hospital público, el «Enfermera Isabel Zendal», destinado a acoger enfermos de Covid-19. Se trata del primer centro contra pandemias de Europa, y más allá de criticables cuestiones organizativas y laborales que siempre serán mejorables, tiene el objetivo de descongestionar a otros hospitales para que pacientes con dolencias diferentes, o incluso de otras autonomías, puedan ser atendidos en las mejores condiciones posibles.

Nunca debe ser una mala noticia la inauguración de un hospital, y menos aún durante un otoño tan grave. Sí lo es en cambio que este hospital sea objeto de quejas de la izquierda, tan infundadas como sectarias porque es indudable que Madrid, gobernada por el PP, sigue siendo un objetivo preferente. Y para lograrlo, no hay nada como ideologizar hasta los virus.

Isabel Díaz Ayuso abre un hospital y casi tiene que pedir perdón porque aún no funciona al cien por cien. En cambio, Fernando Simón puede mentir abiertamente en «prime time», hacer demagogia con cada palabra, ocultar qué expertos le asesoran, y la izquierda lo convierte en un icono incontestable.

Ahí está el caso de Ximo Puig al frente de la Comunidad Valenciana: inauguró tres hospitales de campaña en la peor etapa de la pandemia, hoy los mantiene cerrados, y no hay una sola «marea blanca» con cacerolas ante la sede de su gobierno reclamando «dignidad salarial», más medios, más investigación….

El Zendal es el síntoma de una operación diseñada para tumbar a Madrid. Si no, ¿qué explicación tiene que los empleados de la sanidad censuren la apertura de un hospital público, si es la «defensa de lo público» lo que exigen?

¿Qué explicación hay para que los sindicatos, después de movilizar durante décadas campañas extremas contra los recortes, se quejen ahora de que Díaz Ayuso destina cien millones de euros a un nuevo centro hospitalario? La respuesta es elemental: la izquierda incurre en una apropiación indebida de «lo público» y solo es meritorio lo que el PSOE y Podemos hacen por la sanidad. Los demás ni siquiera tienen derecho a reivindicar su gestión.

Ojalá dentro de unos meses podamos afirmar que el Zendal era innecesario. Sería muy buena señal. Ya se criminalizó a Madrid cuando abrió en las instalaciones de Ifema un hospital provisional, y después su éxito -un triunfo de todos sus sanitarios- tuvo que ser reconocido hasta por Pedro Sánchez.

Ayer, un grupo muy reducido de sanitarios jaleados por los sindicatos gritaban consignas como «no es un hospital, es un pelotazo», o «no es un hospital, es un plató», olvidando la cantidad de televisiones que muchos de ellos visitan en horas laborales para denunciar como un mantra su eterno maltrato.

Solo en las comunidades del PP, se entiende. En el resto nunca hay conflictos. Sin embargo, olvidan lo que su conducta supone también de desprecio hacia los profesionales que van a trabajar en el Zendal. ¿Acaso no son médicos, enfermeros, asistentes, celadores o administrativos de «la pública»? ¿Son solo comparsas de otra operación política de la «ultraderecha»? ¿Son actores de atrezzo o salvan vidas? El dogmatismo ideológico debería tener un límite.

Y ya que la izquierda no lo tiene con la educación, al menos debería demostrarlo con la salud. Cuestión de dignidad.

ABC