MAÑANA DE LA LOTERÍA

Ni Black Friday, ni Ciber Monday, ni el largo puente de la Purísima, ni el derroche de luces en Vigo y del raro inglés de su alcalde. Empezar, empezar, lo que se dice empezar, la Navidad empieza oficialmente hoy en España, con el Sorteo de la Lotería.

O, como dicen algunos, el Día de la Salud y el Trabajo. Cuando han llegado ya las doce y media y vemos que no nos tocó ni la pedrea ni un reintegro de «lo metido», como decir se suele, siempre hay que encuentra la consolación: «La mejor lotería es la salud y el trabajo».

Esta mañana tradicional de soniquetes de España me suena siempre a verso de Rafael de León en la voz de La Piquer: ¿quién me compra un quince mil? Las Pascuas, como señalo, cada vez empiezan antes. No ha acabado de entrar la Virgen de Todos los Santos cuando están encendidas las luces del Cortinglés, prueba del alumbrado de las Pascuas. Esas luces dicen que ya pueden los Papás Noel horteras empezar a trepar por las fachadas de los adosados, que por cierto cada vez se ven menos trepadores horteras y más colgaduras del Niño Jesús. Menos mal.

Las Pascuas de Navidad no empiezan hasta esta mañana de lotería, tarde de salud y trabajo. En todas las radios, en todas las barras de desayuno de los bares, en todas las oficinas, en todas las tiendas, en todos los coches del semáforo, te van repitiendo la cantinela sentimental y antigua los niños de San Ildefonso.

Las voces de los niños (y niñas, no se olvide por aquello de la igualdad de género y para que no te llamen machista), son como el sonido de las yemas de San Leandro según Cernuda: dulce, nuestro, antiguo, como «los labios de un ángel».

Ángel de la suerte que a nosotros nunca nos toca. Soniquete de la nostalgia, de cuando era el primer día que no había colegio y te podías quedar durmiendo entre sábanas calentitas, remetido y arropado por tu madre, hasta que te despertaba la cantinela lotera: «Diez mil pesetas…» ¡Dios mío, cómo pasa el tiempo! ¿Cuánto hace de aquello? Pues hace exactamente mil euros.

La pedrea pasó de las 10.000 pesetas a los 1.000 euros. Pero a nosotros nos sigue sonando, como entonces, a primer mantecado, a primer cartero real, a escaparate de juguetes pedidos a los Reyes, a días sin colegio. A estas horas, en todos las radios y en todos los televisores, la verdadera banda sonora del estreno de la película de las Pascuas.

Mucho hablar del lotero de Sort, la Doña Manolita del siglo XXI, una de las pocas empresas catalanas que no se han trasladado a Madrid. Lo que ha vendido, por internet, La Bruja de Oro, «la que siempre toca», diríamos con lenguaje de pregón lotero de última hora de esta mañana de polvorones y aguardiente.

Pero lo de Sevilla tiene más mérito. En la Muy Lotera Ciudad de Sevilla nunca cae el gordo, y se vende muchísima lotería: de Los Millones, del Gato Negro. Y para una vez que tocó, fue un escándalo: el caso Escámez, el lotero de La Europa, que con el 2.704 vendió más participaciones que soñar pudo, teniendo menos respaldo que el cabecero de una cama turca.

Dicen que Sevilla juega ya menos lotería de Navidad. Aquí en este bar donde estamos tomando café, oyendo la cantinela de los puñeteros niños que nunca nos dan la suerte, ponían antes un como devoto tendedero, de donde colgaban los talonarios de participaciones de por lo menos diez o doce hermandades. Hogaño apenas vemos dos, de hermandades del propio barrio.

Un amigo nos da la clave: «A la gente, más que participaciones que dicen que luego no hay quien cobre si salen premiadas, porque el que tiene que pagarlas se quita de en medio, les gusta ya comprar un décimo entero».

Bendita tradición del soniquete de la pedrea de esta mañana, villancico aritmético que nos anuncia que ya mismito Aquella Que Está en San Gil va a parir Al Que Vive en San Lorenzo. Sin renos ni trineos. El Niño Dios, no tanta Iberdrola de las luces led municipales y aconfesionales.

Antonio Burgos ( ABC )