MANUAL PARA SER SEXY

Ser sexy es durísimo. Primero porque hay que saber posar. ¿O cree usted que es fácil balancearse sobre dos tacones encima de una rejilla de metro mientras se hacen malabarismos con las lumbares para asomar el trozo justo de escote que impida despeñarse vulgaridad abajo? Y si fuera un rato.

Pero ahora con Instagram hay demasiadas ocasiones de ser arrebatador como para dejar pasar una. Luego es engorroso. Obliga a embutir curva o músculo en neoprenos incompatibles con el flujo sanguíneo. Y además fuerza a parecer inaccesible, lo que implica permanecer de pie mirando al vacío mientras el resto del mundo se divierte.

 Porque ser sexy es cosa seria. Y si no intente carcajearse mientras aspira los carrillos para darle a su rostro un aire felino. Así que en caso de lanzarse a la espinosa misión de convertirse en una bomba sexual diga usted ‘adiós’ a la autoparodia y ‘hola’ a la autoconsciencia.

Y si duda sobre cómo hacerlo espere a Navidad, donde un desfile de bocas abiertas y miradas oligofrénicas le enseñará cómo vender perfume.

Fátima Ruiz ( El Mundo )