Las víctimas merecen un Gobierno que no use a los causantes de su dolor como canje político.

Josu Ternera ha pasado a arresto domiciliario por seis meses, con salidas controladas por horas mediante brazalete electrónico. El etarra tendrá que presentarse a todas las citaciones judiciales y no podrá salir de territorio francés. Ternera lleva recluido en una cárcel de París desde que fue capturado en los Alpes en mayo de 2019 y tras 17 años de clandestinidad. Se trata de un terrorista escurridizo, que ya se fugó en el pasado: la gendarmería francesa deberá extremar la vigilancia.

Cabe recordar que sobre este sujeto pesa la acusación del Supremo de haber ordenado el atentado contra la casa cuartel de Zaragoza, en el que fueron asesinadas 11 personas, seis de ellas niños. Y tiene otras cuentas pendientes con la Justicia española. Su único domicilio posible debe ser la cárcel.

Pero la inquietud de las víctimas proviene más bien del interior. Marlaska acaba de dar luz verde a cuatro nuevos acercamientos de presos de ETA al País Vasco. Dos de ellos tienen delitos de sangre. Y ya son más de medio centenar los etarras acercados en esta legislatura. 

Es imposible desvincular estos acercamientos silenciosos pero constantes de la colaboración de Bildu con Sánchez.

El Mundo