MARLASKA Y LOS ÚLTIMOS DE CATALUÑA

A primera vista, y atendiendo a la conducta por la que se guía, también participaría del mismo un irreconocible Fernando Grande-Marlaska. Antaño juez de prestigio presto a lidiar con asuntos de la mayor gravedad y hoy elusivo ministro del Interior hasta desamparar a sus subordinados en momentos críticos como los que se viven en Cataluña.

Mucho más apreciable esa deserción a raíz de que los independentistas hayan votado la expulsión de la Guardia Civil tras desmantelar un supuesto grupo terrorista con siglas de histórica marca de explosivos (ERT) integrado en los Comités de Defensa de la República (CDR) que alienta Torra, a la sazón máximo representante del Estado en la comunidad.

Sin embargo, no es exactamente su caso. Se trata, por contra, de una ignorancia deliberada. Por eso, su proceder, con claro menosprecio a la Benemérita, raya en la indignidad.

Diríase que es el primer jefe de la historia de la Guardia Civil que se comporta como si no estuviera al frente del Instituto Armado.

Si los primeros ministros socialistas del ramo, como José Barrionuevo, presumían de haber descubierto a la Guardia Civil, ahora se diría que el choque de Marlaska con el Cuerpo ha servido para descubrir a un ministro en los antípodas de cuando vestía toga.

Parecía el caballero sin espada que interpretaba James Stewart en la película de Capra. Pero, con todo, lo peor es que, sea por apatía, inconsciencia, frivolidad, cobardía o ceguera, interiorice las descalificaciones contra la España constitucional con su ominoso silencio.

Francisco Rosell ( El Mundo )