MARRULLERÍAS

Ya que no puede convencer a Pablo Iglesias de que le ceda gratis sus escaños (por ser más alto, más guapo, más listo y tener más votos), Pedro Sánchez corteja a los «agentes sociales», colectivos profesionales, para escuchar sus muchas cuitas y prometerles que, en cuanto logre la investidura, se las resolverá, sin explicarnos de dónde sacará el dinero ni por qué no lo ha hecho durante el tiempo que lleva de presidente.

Si a ello se le añade que tales colectivos no tienen representación parlamentaria y son mayoritariamente de izquierdas, es lícito pensar que su verdadero objetivo es que presionen al líder de Podemos a ceder o quedar como un traidor a los trabajadores.

La jugada se completa con una llamada a Casado y Rivera de abstenerse «por interés de Estado». Para resumir: si Iglesias cede, asunto arreglado: Sánchez será confirmado presidente en solitario, como deseaba. Si no cede, la culpa de que haya nuevas elecciones será de Podemos, el PP y Cs. Rajoy, hombre serio y educado, las llamaba ocurrencias. Yo prefiero llamarlas marrullerías.

Puede ser el último y verdadero objetivo de la jugada o jugarreta. Nadie sabe cómo responderemos los españoles a unas cuartas elecciones en cuatro años. La experiencia advierte que el cansancio provoca un descenso general del voto, con castigo especial a quien las provoca. Estamos viendo cómo Sánchez hace cuanto está en su mano para echar las culpas a los demás.

Pero no hace falta ser un genio para darse cuenta de que el principal culpable es él. Dispuso las últimas de forma que dieran la vuelta al mapa político, lo que consiguió, pero no tan rotundamente como deseaba. Es más, en las municipales y autonómicas, el equilibrio izquierda/derecha se ha restablecido al fallar su estrategia negociadora y mucho apunta que de repetirse, perderá más.

Podemos, por su parte, no da síntomas de rendirse, por saber que, de hacerlo, su colapso puede ser total, aparte de tener razón al decir que sólo ellos pueden garantizar que se cumpla un «programa de izquierdas», ya que, en solitario, Sánchez gobernará según sus intereses personales.

Lo que quiere decir que, con la economía ralentizándose, no va a hacer lo que hizo Zapatero en 2008: gastar más, subir los impuestos y ponernos al borde de la bancarrota. Seguirá hablando de «presupuestos progresistas», pero estén seguros de que no liquidará la reforma del mercado laboral de Montoro ni otras medidas que amenacen su estancia en La Moncloa.

Entonces, me preguntarán ustedes, ¿mejor dejarle donde está? Pues tampoco. Tampoco porque queda el rabo por desollar: el problema catalán. Y si necesita los votos de los secesionistas, accederá a lo que le pidan, empezando por el indulto de los líderes del procés y lo que siga, que ya sabemos lo que es.

Y a esos no les engatusa tan fácilmente como a Pablo Iglesias. Con tipos como Pedro Sánchez, lo mejor es no creerles nada de lo que dicen y esperar siempre lo peor, como ya sabe todo el mundo, empezando por sus socios preferentes.

José María Carrascal ( ABC )

viñeta de Agustín Muro