MÁS SERVIDORES, MENOS RUFIANES

De los cuatro ministros comparecientes solo Margarita Robles fue capaz de contestar el otro día a la irresponsable renuencia de Torra a aceptar los términos del decreto de alarma.

Los otros tres (Grande-Marlaska, Illa y Ábalos), quizá por no molestar al socio finalista de su Gobierno, hundieron el mentón en el atril y pusieron cara de «¡madre mía, Margarita!» mientras la titular de Defensa cantaba las cuarenta y sacaba los colores al separatista, inhabilitado por la Justicia y perdido para la causa del sentido común.

Por aquella respuesta es coherente esperar que las unidades de las Fuerzas Armadas movilizadas para asistir a los españoles en esta crisis se desplieguen también en Cataluña y el País Vasco, que son la segunda y la tercera comunidad donde más duramente está golpeando este virus canalla.

Los militares que allí acudan lo harán en defensa de los catalanes y los vascos, porque así lo tienen encomendando por ley, porque así les nace de su inextinguible vocación de servicio y porque siempre ha ocurrido así cuando los españoles de aquellas regiones pasaban un mal trago.

Ya saben, «todo por la patria». El estado de alarma alcanza a todo el territorio nacional y antes que el enojo de cuatro políticos fanáticos está la seguridad de millones de catalanes y vascos a los que nuestros militares también se deben como protectores del Estado… de todo el Estado.

Daba pena escuchar ayer a Rufián estableciendo en las Cortes sus fórmulas alternativas para atajar el virus en Cataluña: recortar un 40 por ciento el presupuesto de Defensa, replegar a la Guardia Civil y aislar casa por casa a los catalanes, endureciendo los controles. ¿Y quién vigila portal a portal, lumbrera? ¿Acaso los CDR? ¿O, mejor, los encapuchados que destrozaban Barcelona el pasado octubre tras la sentencia del 1-O?

Por eso, teniendo en cuenta la fábrica de disparates que distingue a la «banda del lazo», es necesario que las Fuerzas Armadas, que no son de nadie sino de «todos» los españoles, acudan a ayudar a los catalanes, tan asustados y necesitados de apoyo como el resto.

Lo harán con la competencia, entrega y solidaridad que caracteriza a nuestros militares, que están a una distancia sideral de las presuntas potencias de esas almas mezquinas que, con toda España en alarma, solo informan de los infectados y muertos en Cataluña.

Hay gente tan carcomida por el sectarismo que aunque parezca viva ya está muerta por dentro.

Álvaro Martínez ( ABC )

viñeta de Linda Galmor