El Gobierno de Sánchez dejará sin repartir la mitad del fondo (unos 5.000 millones de euros) dispuesto para ayudar a empresas estratégicas que embarrancaron durante la pandemia, una herramienta cuya aplicación termina a finales de junio.

De nuevo, la impericia gestora del sanchismo deja una tarea a la mitad y desatendida buena parte de la demanda social o empresarial de esos recursos. Ocurre con el Ingreso Mínimo Vital. Decenas de empresas siguen esperando la respuesta de la SEPI o, desesperadas por la tardanza, han preferido otra vía de financiación.

Otras tuvieron más suerte. Como Plus Ultra, con innegables lazos con el chavismo venezolano, que fue una de las primeras en recibir la inyección (53 millones de euros) pese a no ser en absoluto estratégica pues su peso en el sector aeronáutico es microscópico.

Esa ayuda, tan polémica como discrecional, es la que motivó la subsiguiente montaña de papeleo administrativo que ha hecho que, desde el pasado febrero, el fondo esté muerto.

ABC