MASACRE, MENTIRA Y MORALEJA

Marta Rovira parece un cantajuego con cerillas, y puede ser presidenta de la Generalitat. El independentismo podría poner ahora de candidato a una mascota olímpica, a un espantapájaros con peto, a un Spiderman de carnaval. Daría igual, no hay programa, sólo sentimentalismo y calentón, ese espíritu de manifa que arde en una papelera como una tira de petardos. Rovira prendió fuego a sus bolsillos con lo de los muertos en la calle, una canallada que sorprendería si no hubiésemos visto ya la mentira y el veneno anunciarse y campanillear por Cataluña igual que siniestros heladeros comeniños. Pero nadie en el secesionismo se espantó.

Marta Rovira se ratificó en TV3. Y, ya el jueves, con Ana Rosa, donde la confundíamos con una niña perdida en un parque. Allí nos reveló que, después de todo, sus fuentes no eran cardenales luisinos ni espías con forro de lluvia, sino el propio Puigdemont y “un montón de testigos [que] han ratificado esta versión, como Lluís Llach“. Es el independentismo autocantor, que se rima él solito los tiros y sus flores de plata en el pecho. A preguntas de Al Rojo Vivo, Rovira añadía: “Si de algo ha servido esta polémica, es para que el Gobierno declare que no planea el uso de violencia extrema. Esto es una buena noticia, estamos más cerca del diálogo y la negociación, y aquí sacamos nuestra moraleja”.

Sí, la moraleja: la mentira les adorna el numerito como la tizne a deshollinadores de musical; los engaños y las burradas se incorporan como otro milagro a su causa de profetas con insolación. No les queda otra que hacer pasar por héroes a trasquilados, caganers, escapistas, listillos o colilleros del procés. En El ObjetivoJoan Tardà, con ese aire suyo de viejo mosquetero melancólico, decía que “honra al Gobierno de Cataluña no poner en riesgo la paz”. Bravos héroes éstos, que nos salvan de sus propios embustes, cagadas y fantasías húmedas sin más que poner sus legañas y babas en lacrimatorios.

El abogado de Puigdemont, Alonso Cuevillas, también declaraba a 8TV que se frenó la independencia para evitar “una masacre”. Una masacre sólo soñada en Elm Street, que sigue sonando más a Barrio Sésamo que a peli de terror. Marta Rovira está entre esos dos mundos, como una muñeca sin ojos o un peluche poseído. También un peluche poseído puede ser candidato. El mejor.

Luis Miguel Fuentes ( El Mundo )

viñeta de Linda Galmor