MASCARILLAS Y RUEDAS DE PRENSA

» No, sr. Carrascal. No nos han llegado las mascarillas que pedimos, ni las esperamos. El Gobierno ha requisado todas para distribuirlas según su parecer -me dice la farmacéutica al hacerle la pregunta diaria-. Pero no va a tener problema porque todo el mundo se ha puesto a fabricarlas «. En efecto, a lo largo de la mañana me voy enterando de que, ante la escasez, monjas, zapateros, informáticos y algunos más se han convertido en fabricantes de mascarillas a todo trapo, lo que me ha permitido finalmente tener unas.

Ningún ejemplo mejor de la incapacidad de este Gobierno grande y vacío. Ante la amenaza de un virus flotante que estaba produciendo estragos, no tuvo la precaución de proveerse de la defensa más sencilla, que evitara su entrada en los pulmones y le impidiera salir de los ya afectados.

Únanle que alentó demostraciones feministas multitudinarias, de las que tuvieron que salir contaminadas montones de personas, posiblemente algunas ministras, y se explicará la situación en la que nos encontramos. Tampoco debió de ser ajeno a ello que al frente del equipo encargado de combatir la epidemia se puso no a un médico, ni a un farmacéutico, ni a un químico, sino ¡a un filósofo!

Ya he oído a los palmeros del Gobierno que acaparan los canales estatales sostener que un filósofo es una especie de sabelotodo capaz de enfrentarse a cualquier situación, con un buen equipo. Pero el equipo de Salvador Illa no se está luciendo y su afán inicial de no alarmarnos terminó en la necesidad de decretar el estado de alarma.

Claro que el profesor de Filosofía de la Universidad de Barcelona tiene para Sánchez un valor especial: su proximidad a las tesis nacionalistas, razón de que forme parte de la Mesa que debía de resolver «políticamente» aquel conflicto. Mesa que el dichoso virus ha hecho volar por lo aires

El último parte de guerra habla de que la curva de contaminados en España se acentúa, como la de muertos, mientras aumentan también los curados, Pero ya nadie es optimista, al revés, insisten en que lo peor está por llegar.

La esperanza es que la «cima» llegue pronto, pero nadie se atreve a pronosticarlo, sólo a desearlo. La situación es especialmente grave en Madrid, donde ha tenido que habilitarse el Palacio del Hielo como morgue provisional, dado que las funerarias no tienen dónde almacenar tantos cadáveres.

Preocupante también es la situación del equipo sanitario que lucha en primera línea contra la epidemia y que sus bajas se disparan, en parte por no disponer del equipo adecuado, empezando por las famosas mascarillas.

Ante lo que La Moncloa ha montado cada pocas horas el número de un ministro con mandos de la Policía, la Guardia Civil y el Ejército para darnos el último número de bajas y decirnos de paso que nuestras medidas son las más apropiadas. Y encima desean ser creídos. Lo que ya nadie pregunta es si el Ejército sirve de algo.

José María Carrascal ( ABC )