MATAR AL REY Y A SANTIAGO ABASCAL

Es el sueño húmedo de la izquierda española, siempre mostrenca y acomplejada frente a los magnicidios y regicidios de los jacobinos y de los bolcheviques. Sueños revolucionarios que se convirtieron en la pesadilla de los pueblos que los padecieron.

Más de doscientos años después de la Revolución Francesa, cien años después de la Soviética y dieciocho lustros después de la proclamación de la II República, la zafia izquierda española proclama, sin pagar las consecuencias por la expresión verbal (de momento) de sus criminales deseos, que sueña con matar al Rey y a Santiago Abascal.

En 1931 el Rey se les escapó vivo. En 1936 no encontraron a Gil Robles y consolaron su asesina frustración en la nuca de José Calvo Sotelo y en el pecho de José Antonio Primo de Rivera, mientras Alfonso XIII contemplaba la llaga de España jugando al golf y cazando en el exilio.

En 2020 les sigue faltando la cabeza de un Rey en sus metopas, y el líder natural de la derecha española, Santiago Abascal, tiene más escaños en el Parlamento que los comunistas.

La pandemia les llena de muertos y de miedo el escenario y les colma de munición las cartucheras para “cazar fachas” y “aplicar la justicia proletaria”, no les ofrecerá la historia otra ocasión como esta para establecer la tiranía de la libertad con la que han torturado siempre a los hombres y los pueblos sobre los que han gobernado como la soga gobierna el patíbulo, las tenazas el potro de tortura, y el hambre y el látigo el gulag.

Cuando los comunistas llegan al poder, solos o de la mano de sus tontos útiles preferentes: los socialistas, se arreglan la gorguera silbando y con las manos en los bolsillos y en el BOE, matan. Matan primero a sus adversarios, y después a sus aliados.

Matan con codicia, matan con lujuria, matan con saña y con método porque la Revolución apaga los remordimientos del crimen. Lo han hecho siempre, desde el Soviet de Petrogrado a Caracas. Lo hacen siempre porque está en su naturaleza.

Esa naturaleza que nace en la guillotina y se muscula de hielo, crueldad y precisión en la Rusia leninista para expandirse por todo el mundo como una pandemia de inmundicias. No hay en la naturaleza del comunismo bajeza que le sea ajena ni obscenidad en la que no se deleite. De esos horrores y de esos crímenes surgen los imbéciles que se hacen llamar progresistas.

“Con las tripas del último Rey ahorcaremos al último cura”, decían los jacobinos mientras Luis XVI holgaba confiado en Versalles. “Los burgueses nos venderán baratas las sogas de las que los ahorcaremos”, decía Lenin mientras burgueses y aristócratas le hacían cucamonas y le aplaudían desde sus balcones .

No fueron baladronadas de matón de taberna ni amenazas huecas de matasiete. Lo dijeron y lo hicieron. Hoy proclaman que quieren matar al Rey y a Santiago Abascal.

Los comunistas nunca bromean, el sentido del humor no forma parte de su naturaleza.

Eduardo García Serrano ( El Correo de España )