MATAR VIRUS A CAÑONAZOS

Ni es la gripe, ni la peste bubónica. Tiene una tasa y una velocidad de propagación bastante superior a la gripe común, pero en la mayoría de los casos cursa con síntomas leves -de ahí la analogía, demasiado simple- y su letalidad es reducida, asociada además a patologías previas, aunque no siempre. Su impacto epidemiológico es muy alto; el clínico en cambio, resulta hasta ahora más bien bajo.

Éste es el consenso científico, a grandes rasgos; a partir de ahí, piensa lo que quieras. Pero si te sobrealarmas debes saber que tu ansiedad, unida a la de tantos otros como tú, puede hacer colapsar el país y el sistema sanitario. Esto último es esencial, porque el colapso hace que se pospongan operaciones y tratamientos de otras enfermedades y que se precipiten muchas altas. Y lo otro lo verás más adelante, quizá después de Semana Santa, cuando quiebren otra vez miles de pequeños negocios y cuando la parálisis productiva origine despidos a mansalva.

Entiéndelo: ningún Gobierno va a resistir la presión de la gente en estado de nervios. Pero tampoco ninguno contentará a todos. Unos pensarán que las autoridades han tardado en reaccionar; otros, que han cedido a la histeria, y los hay que les reprocharán las dos cosas: lo que hacen y lo que dejaron de hacer.

Lo que no puede ser, y es lo que está empezando a ocurrir, es que cada cual enfoque el virus desde su prejuicio ideológico. Que lo minimices si eres de izquierdas, para amparar al PSOE, o lo exageres si eres de derechas para devolverle el Prestige, el 11-M, el ébola y otros episodios sectarios.

Que unos vayan por Ayuso y otros por Sánchez. Que los que se quejaban de que no había medidas de contención se cabreen ahora porque les manden los niños a casa. Sí, la manifestación del domingo fue un error importante, como la celebración de la Liga o el congreso de Vox, y además con el agravante de ocultación por razones ideológicas. Pero habrá tiempo de ajustar cuentas que ahora no proceden con una emergencia de salud pública sobre la mesa. No compitamos en sectarismo: eso es lo que nos diferencia.

Mira lo que te digo: es mejor que Sánchez esté quieto y calladito, aunque sólo sea porque no encuentra en el problema rédito propagandístico. Cuando tome decisiones no nos van a gustar. Témete lo peor: no hay nada positivo que esperar de un Gobierno a pachas entre Podemos y un presidente que suscita tal fobia que haga lo que haga irritará a la mitad de los españoles. Deja que siga detrás de los expertos.

¿Que cuál es el camino correcto? Me gustaría decirte que el de mantener la normalidad dentro de lo posible, pero nadie lo sabe. Es más fácil identificar el incorrecto, que es volvernos locos de paranoia y de miedo, intentar matar virus a cañonazos ciegos y echarnos en cara los muertos, que afortunadamente son pocos por el momento. Es decir, volver a los viejos vicios nihilistas de una España sin remedio.

Ignacio Camacho ( ABC )

viñeta de Linda Galmor