EL MAYOR JERARCA, EL MONARCA

El Fénix de las letras españolas, Lope de Vega, escribió una comedia titulada El mejor Alcalde, el Rey, en la que la Autoridad regia restablece la legalidad del ciudadano Sancho, reponiendo su honor dañado por el noble abusador Don Tello.

Si Lope levantara cabeza y observara el momento que vive hoy la ciudadanía española de Cataluña, abusada por los dirigentes del independentismo, que incluso se atreven a ofender la misma Autoridad de la Corona, con truco y atraco, en la persona de Don Felipe VI, definiría la Soberanía del Rey diciendo: El mayor jerarca, el Monarca.
Los jerarcas que gobiernan la Autonomía de Cataluña deben su cargo y rango, por ley, al jefe del Estado de España. El Rey, que representa la Soberanía, en él depositada democráticamente por los españoles, ejerce como Soberano el poder supremo de la Nación.

De la lectura atenta de la aludida obra dramática de Lope, se deduce que la monarquía es la fuente principal de honor y de justicia. En el Estado monárquico constituido, el súbdito Quim reniega de la visita del Rey Don Felipe a Cataluña, en vez de postrarse educadamente, rindiéndole homenaje y pleitesía.

La falta de lealtad demostrada por Quim, gobernador-vicario del seudo-Presidente Puigdemont, debe ser recriminada y castigada por la Justicia del Gobierno de España, con el máximo rigor, restableciendo el honor dañado de su Monarca. El Jefe del Gobierno, Señor Sánchez, no puede claudicar ante las exigencias hostiles y desobedientes del jerarca Torra, urgiéndole a comportarse como un «cavaller» catalán

 ¿Quina mena de cavaller es Quim? En la obra de Lope, el gracioso Pelayo pronuncia una serie de «donaires», sobre honor, hidalguía, justicia, lealtad…, que el desgraciado Torra debería de considerar antes de ofender a Su Majestad, con parecidas especies de «libertad de expresión» como las de Valtonyc, huido como Puigdemont.
¿Habrase visto gobernador tan mal criado que se encara a Su Señor, cuyo predio administra?

Olvida que su opción política está por debajo de la mayoría poblacional de Cataluña. Y, en su delirio, afirma que el Rey debe pedir perdón al independentismo, «por haber ofendido al pueblo de Cataluña «en su discurso del 3 de Octubre de 2017. Y añade que «no hay justicia en España», lamentándose de los «presos políticos» y del «millar de víctimas» del 1-O.

Pero la Portavoz del Jefe de Gobierno, Isabel Celáa, ha anunciado contundentemente, tras el Consejo de Ministros enterado del desplante: «El Gobierno jamás ha hecho política con acontecimiento como éste». Añadiendo que este Gobierno aspira a la «reciprocidad». Pero también seria mal gobierno actuar «a la reciproca», o sea, con tanta desvergüenza ¿En eso consiste la «normalización»?

Pregúntenle a Don Lope, y contestará «a lo Pelayo», con mucho don. Y ello, porque el independentismo «no representa a la totalidad de Cataluña». Nunca ha sufrido tanto la «cosa pública». La «res tonta» ha llegado con los Juegos del Mediterráneo de 2018 de boca de Quim Torra.

José Luis Suárez ( Periodista Digital )