Una de las maneras con que se puede definir a la patria es diciendo que significa el interés general bien entendido de un pueblo soberano, unidad de destino. De ahí que el gobernante que legalice o consienta las cosas que perjudican a dicho interés, dañando y menospreciando de paso al individuo que actúa en derecho, constituya un modelo a perseguir y condenar.

Hasta ahora, los gobernantes y políticos que parasitan nuestra patria y la han parasitado durante la llamada transición, no sólo son los paradigmas de este modelo de vileza, sino que intentan convencernos de que todo lo que han venido destruyendo con empeño está erguido y bien erguido, que las ruinas que han causado son emporios y palacios.

Y lejos de conformarse con hacernos ver rascacielos donde sólo hay escombros, ahora, en tiempo de elecciones, sabedores de que la ignorancia, la apatía o el sectarismo de una mayoría de electores les van a reelegir, tratan de persuadirnos de que las urnas y los comicios lo blanquean todo. De este modo, borrón y cuenta nueva y a seguir parasitando al Estado.

«Gozamos de una democracia plena, la democracia funciona», pregonan a través de sus propias voces y de sus voceros. Y se acabó. A empezar de nuevo, impunes otros cuatro años. Pero una democracia así, es una caja de bombas para el pueblo libre, una trampa cruel, un criminal sarcasmo. Que ellos idealicen sus abusos, es normal, dada su índole depredadora, pero que el pueblo trague con el engaño atribuyéndoles veracidad y perfección, incluso carácter taumatúrgico, no puede ser de recibo.

Mirando todo ello de frente, es decir, con ojo crítico, el hecho real es que con la actitud de los ventajeros la función de las urnas resulta una burda emboscada y con ello se ridiculizan las elecciones y, en consecuencia, la democracia, que queda expuesta al ludibrio más feroz.

Esta democracia que nos venden es un fiasco, un producto defectuoso y por tanto aleatorio y discutible. Salvo que nosotros la vivifiquemos y la hagamos fructuosa quedándonos en casa cuando no hay alternativa electoral a sus desmanes o entregando nuestro voto al inocente, al regenerador, al patriota cuando este existe, como ahora es el caso debido a la existencia de VOX.

Marginar lo que se sale de la norma ha sido una constante histórica. Este es un precio que han de pagar las colectividades y los individuos a cambio de su cohesión, de su identidad y de su supervivencia. Y en esta época de crisis social que padecemos ese marginamiento es el que se está haciendo con VOX a través de unas instituciones patrimonializadas por los tiranos, y de sus medios de comunicación.

La aprobación por el gobierno socialcomunista de su enésima ley totalitaria -la infame ley de protección al menor- con el beneplácito del PP y demás apoyo del resto de los partidos de la casta, indica una vez más para todos aquellos que quieran ver la realidad, que sólo queda el camino de VOX, único partido parlamentario que se ha opuesto al ultraje. Lo cual quiere decir que es imprescindible que VOX obtenga la mayoría absoluta si de verdad queremos que este ruinoso lodazal en el que nos hallamos enfangados se purifique.

Pocos parecen ser conscientes de que el PP no ha confirmado que gobernará con VOX en Madrid en el caso de que no pueda gobernar por sí solo, lo cual implicaría proseguir pactando con el PSOE como hasta ahora, con políticas tan abyectas como las que nos han traído hasta aquí.

Y para continuar avanzando hacia el absoluto control totalitario del Sistema no sería difícil que el PSOE y el resto de organizaciones mefíticas, permitieran gobernar al PP en minoría, con tal de que VOX quedara marginado. Es decir, con tal de que todo permaneciera tal cual y que la agenda progresista siga prosperando hacia su objetivo.

Deformar sistemáticamente la realidad de España y de VOX es el inmediato fin de la casta partidocrática para permanecer entronizados, enriqueciéndose con múltiples sinecuras a costa del esfuerzo ciudadano. Su plan es dominar y, a ser posible, hacerlo con crueldad y violencia.

Por eso no sólo hay que combatir a la izquierda hispanicida, también al llamado centro-derecha desleal, a los cobardes e hipócritas que bendicen el entramado ideológico de aquella y lo dejan intacto cuando acceden al Gobierno.

Votar a VOX es la única opción que queda hoy a los que deseen cambiar las cosas y expulsar de la vida pública a la falsa derecha, a los artistas de la violencia, a los depredadores del pueblo… No podemos seguir confiando en los que nos han traído hasta aquí y han reducido la patria a cenizas. ¿Acaso aún no hemos escarmentado?

Jesús Aguilar  Marina ( El Correo de España )