ME PIDO REAL DECRETO

Si cada mañana de sábado a Don Felipe VI le traen con la bandeja del desayuno la minuta de los sapos que ha de tragarse firmando decretos aprobados en los «viernes sociales» en los que el Consejo de Ministros de Sánchez busca demagogias para movilizar votos de la izquierda, no quiero ser menos que el permiso por paternidad y también me pido un real decreto.

Que quizá debe recorrer un camino inverso: no de La Moncloa a La Zarzuela, sino de Palacio a Presidencia del Gobierno, pues ha de ser decisión de Su Majestad. Ya he pedido varias veces este decreto, sumándome a la iniciativa del coronel del Ejército del Aire don Julio Serrano Carranza.

Vuelvo a solicitarlo razonadamente, a ver si ahora hay más suerte, lo dispone así el Rey Nuestro Señor y lo vemos hecho realidad antes del próximo Día de las Fuerzas Armadas, cuyos actos solemnes se celebrarán en Sevilla el 1 de junio.

Sé que quizá este decreto no le va a hacer mucha gracia al que se está hartando de poner los suyos a la firma sancionadora de S.M., así como a cuantos les disgusta que la bendita Constitución de 1978 proclame a nuestra Nación como una Monarquía Parlamentaria.

Parece a veces que nos da vergüenza oficialmente ser lo que somos, y, por ejemplo, en los documentos oficiales, sólo el carné de conducir proclama que esto es el «Reino de España». En todos los demás, del pasaporte al DNI, «España» a secas.

Pasa en este punto lo contrario que en la sociedad, donde muchísimas instituciones proclaman con orgullo que son «Reales». Empezando por el fútbol. Nadie habla del entrenador del Madrid, sino del «Real Madrid», como a los verderones se nos llena la boca con nuestro «Real Betis Balompié», y hasta en las Vascongadas la «Real Sociedad» es conocida por el título concedido por S.M. Sin salir del deporte, en muchísimas ciudades nos encontramos siempre un «Real Club de Golf» o un «Real Club de Tenis».

Por no hablar de las Reales Federaciones. Por ejemplo, la Real Federación Española de Fútbol. Nos sentimos orgullosos de la antigüedad y lustre de las Reales Academias; título que hasta figura en los acrónimos de la Española de la Lengua y de su Diccionario: RAE y DRAE. Nunca se cae esa «R» de «Real».

En Canarias, es conocido de todos el Real Casino de Tenerife, como en Sevilla el Real Círculo de Labradores. Por no hablar de los Reales Sitios de los palacios. Reales son muchos históricos cenobios, como el Real Monasterio del Escorial, el Real Monasterio de Santa María de Guadalupe o las Salesas Reales. Hay cientos de cofradías en toda España que por tener como hermano mayor honorario a Su Majestad llevan el título de «Real Hermandad», como la del Rocío de Triana con la que un Pentecostés almonteño peregrinó S.M. la Reina Doña Sofía.

Y en cambio, estableciendo el artículo 62 de la Constitución que «corresponde al Rey el mando supremo de las Fuerzas Armas», nuestros Ejércitos no tienen oficializado ese tratamiento de Reales. El Rey es Jefe del Estado y también Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas, donde la regla moral de la Institución Militar son las Reales Ordenanzas; y sin embargo, nuestros Ejércitos y Armada pasan con su designación, sobre todo en sus humanitarias o pacificadoras misiones en el exterior, por pertenecer a una república («que no existe, idiota») y no al Reino de España.

Mi petición es muy sencilla y lógica: si hablamos de la Real Federación Española de Fútbol, ¿por qué no han de ser Reales Fuerzas Armadas Españolas? Sí tenemos la Real Hermandad de Veteranos de las FF.AA. y la Guardia Civil, pero en activo no hay un Real Ejército de Tierra, un Real Ejército del Aire y una Real Armada de España. Esa es mi petición.

Que la Corona que remata tantos escudos de unidades militares sea también la que dé título a nuestras constitucionales Reales Fuerzas Armadas y que Don Felipe VI lo proclame en un decreto real.

Antonio Burgos ( ABC )