Cada 12 de Octubre las pálidas larvas del odio a España salen de las crisálidas de la Leyenda Negra con las alas cargadas de mentiras cristalizadas en mitos infamantes sobre nuestra Patria y nuestros antepasados, que convierten a la Mater Hispania en el belén de todos los genocidios, en la gruta de todas las rapacidades y en la tenebrosa mazmorra de todos los pueblos, de todas las razas, de todos los hombres de la Tierra.

No es verdad que no se pueda engañar a todo el mundo todo el tiempo. La Leyenda Negra lleva cinco siglos haciéndolo.

No es verdad que la actual realidad demográfica y racial, cultural, lingüística y espiritual de los pueblos, de los hombres y de las razas que estuvieron amparados por el Placet Hispaniae sea el antídoto de la Leyenda Negra, cuyo veneno sigue siendo el pan de la mentira universal del genocidio hispano y el combustible intelectual que alimenta el miedo y los complejos de los españoles de hogaño que, con las rodillas desolladas y la barbilla clavada en el pecho, se arrastran por el mundo pidiendo perdón por lo que sus antepasados jamás hicieron, porque ignoran la gesta que escribieron sobre los mapas del mundo, de levante a poniente y de norte a sur.

La ignoran con la peor de las ignorancias, la ignorancia voluntaria y consciente que les hace abdicar de la defensa de la Verdad Histórica porque es más cómodo, democrático y tolerante aceptar el trágala de la Leyenda Negra que enfrentarse a él. Cobardía y pereza, esa es la esencia de los españoles de hoy, que abominan de Hernán Cortés y de Pizarro, de Fray Junípero y de los Reyes Católicos, de Hernando de Soto y de García de Paredes, de Orellana y de Bernardo Gálvez, escupiendo sobre la historia de su Patria con el mismo entusiasmo que los piratas anglosajones, que los hugonotes franceses, que los negreros holandeses y que los esclavistas belgas que jamás le perdonarán a España que fueran sus Ulises los primeros en gritar “Tierra a la vista” el 12 de Octubre de 1492.

De esas sentinas europeas del odio a España nace la Leyenda Negra, sin que los españoles hagamos nada por cortar sus lenguas con las espadas de la Verdad.

Yo me cago en la Leyenda Negra, en los hideputas que la propagan desde el Vaticano a la Casa Blanca, y en los españoles que la festejan con su cobardía y su pereza. ¡Viva Hernán Cortés!

Eduardo García Serrano ( El Correo de España )