MEFISTÓFELES EN BERLÍN

Como se sabe, solamente en geometría no hay sectas. En política, las hay y en Cataluña la batalla no se despliega tanto entre el Gobierno y el Govern como entrePuigdemont y Junqueras.

Los de ERC, verdaderos independentistas, se han puesto el traje de la moderación para quitar votos a las familias convergentes. Y Puigdemont apareció ayer en Berlín, como un Mefistófeles de vídeo, flanqueado por cuatro abogados. Vuelve a Flandes, donde seguirá trabajando por la república, pero no soltó tantos delirios dictatoriales como solía. Declaró que la Crida, con 40.000 adheridos, ya supera en militancia a todos los partidos independentistas. No apareció, como otras veces, disfrazado de Ricardo III, aquel lenguaraz, saco de ira y de venganza.

Dijo que todo lo que toca Llarena se convierte en caos. Exigió la libertad de los presos, cuando sabe que el Tribunal Supremo los va a juzgar, si no por rebelión, por apoyo a la rebelión, y quizás les van a caer “cuatro añitos de cárcel y 10 de inhabilitación”. “El Tribunal Supremo -me informan- tiene que acusarles de algo relacionado con la rebelión porque si no el proceso pasaría a la jurisdicción de Cataluña, ya que ninguno de los procesados está aforado”.

Los cínicos menos impostores dicen que habrá juicio, habrá condenas, habrá indultos y, quizás, con el tiempo, la república será el programa máximo de la Crida. Pero mientras Puigdemont no adelgace a Junqueras, irá de perdonavidas. Mandó un mensaje a Moncloa: “Lo normal es que alguien que reciba votos de nuestro grupo corresponda con el apoyo nacionalista”.

No habló del referéndum que decían haber ganado, sino de uno nuevo a la escocesa. Él mismo cantó: no tienen el apoyo de ningún Estado. El caudillo rebelde y los suyos siguen invocando la república. En una recepción ofrecida a los cónsules, el supremacista Quim Torradeclaró que el Govern no renuncia al derecho de autodeterminación: “No nos rendiremos”.

Los pronunciamientos del caudillismo autoritario se estrellan ya en el absurdo. Como ha escrito Antón Costas en La Vanguardia, algunos dirigentes independentistas quieren convertir el 1 de octubre en una fecha histórica equivalente al 11 de septiembre. “Para los convocantes esa consulta no legal emitió un mandato popular para avanzar en la independencia unilateral. Pero ni la participación ni los resultados -por otro lado no validados por ningún otro órgano electoral independiente- apoyan ese pretendido mandato”.

Los rebeldes rompieron todas la reglas democráticas el 7 de septiembre y dieron un golpe parlamentario. Ahora van a ser juzgados. La teatralidad, los cirios y los quilombos resultan insignificantes.

Raúl del Pozo ( El Mundo )