La culpa del carajal que se organizó en Covadonga la tuvo Don Pelayo, claro. El Conde Don Julián, que era gobernador de Ceuta, ¡vaya por Dios!, y el obispo Don Oppas eran dos erasmistas precoces partidarios de la Multiculturalidad y de la Alianza de Civilizaciones, por supuesto.

La culpa de la degollina del 2 de Mayo de 1808 la tuvieron los madrileños que se sublevaron contra las tropas napoleónicas. Los afrancesados que besaban las botas del gabacho eran unos ilustrados, exquisitos demócratas de intransigente tolerancia con el montaraz orgullo identitario de sus compatriotas.

Y la culpa de lo que está pasando en Ceuta la tiene, ¡faltaría más!, Santiago Abascal por acudir a la España vaciada de Patria y colmada de invasores sarracenos en el norte de África. Para los cipayos españoles de Mohamed VI, desde Sánchez a CasadoAbascal es un provocador que lleva a Ceuta la tensión y la revuelta hasta en el nombre que le bautiza, pues llamándose uno Santiago lo prudente es no pisar tierra de moros aunque esa tierra sea tan del Apóstol y de María Santísima como la que hay al norte del Estrecho de Gibraltar.

Menos mal que se apellida Abascal pues, llamándose Santiago, si se llega a apellidar Matamoros, su presencia en Ceuta hubiera desatado, un siglo después, el Desastre de Annual, pero ya sin el Comandante Franco para evitar la toma de Melilla

En Estepaís la traición corre por las venas de los islamizados de conveniencia y de ocasión  como una veta de mineral en la roca, desde el Ibex-35 al Parlamento, en una democracia de pacotilla en la que a los enemigos de España se les agasaja con el oro, el moro y el indulto, y a los que les pican las pulgas de la pelliza de Viriato, les palpita en la vaina la espada de Pelayo y en la liga las tijeras de Manuela Malasaña se les crucifica en los Telediarios después de haberles mandado una horda de honderos comunistas a lapidarlos en Vallekas o una harka de musulmanes en Ceuta con la gumia en los refajos y el Allahu Akbar (Alá es el más grande) en los labios y en el grito.

Cuando la traición no fluye como el traidor calcula y desea porque un grupo de guerrilleros combate contra ella desde posiciones de flanqueo, el que se echa al monte o desembarca en Ceuta es siempre tildado de provocador y de reaccionario por el que mira a la Meca contando los maravedís de su bolsa, o el que, de cúbito supino o de cúbito prono, se empolva la nazir y la peluca mirando a París.

Rezaré a Santiago Matamoros por Santiago Abascal con la plegaria de los madrileños de 1808: “Virgen de Atocha dame un trabuco para matar gabachos y mamelucos”.

Aviso a los españolitos analfabetizados y esterilizados por la LOGSE y posteriores leyes educativas: los Mamelucos eran musulmanes africanos como los que hoy asaltan.

Eduardo García Serrano ( El Correo de España )