Hace falta tener una cara de cemento armado para decir a los españoles «lo peor ha pasado» tras despeñarse nuestro PIB un 18,5 por ciento el segundo trimestre del año en curso, que unido al 5,2 del primero, significan 300.000 millones de euros, las pensiones de jubilación de dos años.

Hay que remontarse a la guerra civil y la posguerra para superar tal costalazo, que supone más paro, menos inversión extranjera, menos gasto doméstico, más déficit y menos oportunidades. Si le añadimos el desfondamiento del turismo y los rebrotes virales, decir como él dijo que estamos saliendo del pozo al que nos ha llevado, una de dos: nos considera menores de edad o lo es él.

Aparte de venir diciéndonoslo desde abril: que la recuperación está en marcha. Este hombre miente como respira y sólo imaginando lo contrario de lo que dice puede uno aproximarse a la verdad.

Ninguna muestra mejor que la última de presidentes autonómicos en el Monasterio de Yuso para concretar las líneas maestras a seguir con los fondos que Bruselas ha dispuesto para España. Nada más y nada menos que 140.000 millones de euros.

Había el compromiso tácito de que tanto el reparto como las condiciones iban a ser de total igualdad, teniendo en cuenta las necesidades de los reunidos, y así se habían expresado todos, empezando por el presidente del Gobierno.

Pero Pedro Sánchez no sería Pedro Sánchez si la noche antes no hubiera acordado con Urkullu permitirle aumentar su límite de endeudamiento del País Vasco para lograr que asistiera a la reunión. O sea que aceptó el chantaje, poniendo a las demás autonomías en desventaja. ¿Se le puede creer que va a actuar ecuánimemente al repartir los fondos europeos?

Pues aunque pidió a todos presenten sus planes de reactivación y prometió defenderlos en Bruselas, lo único claro es que habrá una comisión interministerial, una unidad operativa de su gabinete y un grupo de «alto nivel» que atender a la ciudadanía, el caso es que él tendrá la última palabra.

Estamos tratando con gentes que dictaron órdenes de distanciamiento y prohibieron contactos físicos, para luego abarrotar sus bancadas del Congreso para brindar un aplauso de césar victorioso a su líder.

No hay la menor duda de que tanto el presidente como ese Rasputín con peluquín que tiene como gurú están convencidos de que el dinero europeo les sacará de apuros.

Pero la pregunta es si Bruselas aprobará los planes que le presenten, dada la mala experiencia con otros fondos europeos, e incluso si llegarán los 140.000 millones de euros para tapar todos los agujeros que deja la pandemia y los errores cometidos en su tratamiento.

Sólo una cosa es segura: que dentro y fuera del Gobierno va a declararse una auténtica batalla campal para hacerse con ellos, en la que no faltarán los que nada quieren saber de España. Sería el macabro colofón de la falsa que desde hace más de un año se interpreta en La Moncloa.

José María Carrascal ( ABC )

viñeta de Linda Galmor