Boris Johnson, Primer Ministro del Reino Unido, ha dimitido.

Y dice el «noticiero» que su dimisión la han provocado sus mentiras y excesos ¡Nooo meee jodasss!  ¿por sus excesos? ¿por mentir en el Parlamento? ¡como son de quisquillosos los británicos!  Mia tu que por mentir…

El ataque de risa que me ha provocado el conocimiento del motivo de la dimisión -¡por mentir!-, ha sido tan violento que la fuerza de las carcajadas y el balanceo de mi cuerpo, ha lanzado mi dentadura postiza al aire y, en el suelo, la  muy jodía, ha seguido haciéndome «el dúo» durante una buena parte de la mañana… Bueno; hasta la hora de comer, que sin esa herramienta en donde debe estar, me quedo en ayunas.

La suerte es un importantísimo elemento que puede operar a favor, haciendo bienaventurada a una persona; millonario a un delincuente; famoso a un imbécil; o, por su ausencia, puede hacer tremendamente desgraciado a una bellísima persona, condenándole a luchar contra la pobreza hasta el último día de su terrible vida, significando la muerte su única victoria sobre la miseria..

Boris Johnson, si hubiera gozado de la suerte de haber nacido en España, en vez de haberlo hecho en ese país desgajado de Europa, que se individualiza  junto a las Irlandas (2), Gales y Escocia, y perviven en mitad del Océano Atlántico, tan húmedo y frío  -lo que motiva que él sea un hijo de… la Gran Bretaña-, sus mentiras, en vez de hacerle ahuecar el ala del Parlamento de Londres, de cerrar desde fuera la puerta del N.º 10 de Downing Street y con sus malos pelos desaparecer de la política, estaría tan feliz -como Pedro Sánchez-, urdiendo mentiras sobre mentiras, en el palacete de La Moncloa, metiéndole mano a un esplendoroso «MACALLAN» seco, sin agua y sin hielo o volando en el Falcon Presidencial, con destino a donde decidieran sus balls (cojones en castellano).

La ausencia de suerte del rubio Boris, es el platillo y, en el otro platillo, como contraste esta Pedro Sánchez. Viendo los dos platillos queda demostrado que la balanza está amañada. Mientras a uno le borran sus mentiras, al otro son sus mentiras y engaños, no sus virtudes, a las que ha de agradecer el haber llegado, y a sus mentiras y engaños debe el mantenerse en el Poder.

Niño; tu no mientas que es muy malo y te puede llevar al Infierno.

Si; abuelito, díceselo, díceselo al Pedro Sánchez.

Eloy R. Mirayo ( El correo de España )