Incapaces de servir a la democracia, acusan al de enfrente de malos modos y peores gestos. No habrá perdón ni redención.

Debemos avergonzarnos de los falsos y faltos informadores que matan la información, traicionan a sus propios compañeros y cercenan la realidad con mentiras al más puro estilo del Gobierno procomunista. Están vendidos a unas siglas, a falta de un trabajo serio en algún medio de comunicación en el que demostrar su valía profesional.

Da la impresión de que son enchufados ideológicos que nunca tuvieron que competir con y por la calidad informativa. No sé si son «hijos de la LOGSE», pero lo parecen. ¿Y se venden al mejor postor por cuatro sucios denarios que los deshonran para siempre?

Hablamos de mercenarios incapaces de resolver sus propios conflictos o, lo que es lo mismo, de indigentes de la información que no saben planchar huevos ni freír corbatas fuera de temporada. No asumen sus complejos de inferioridad y pretenden ocultarlos con mecanismos de compensación muy conocidos y anticuados.

Torpeza conduce a torpeza. Representan una forma de corrupción soterrada que mina y pudre los cimientos de la democracia. Dejar un medio de información en manos de estos «gánsteres» es como dejar una ametralladora a disposición de un chimpancé.

La lista de periodistas firmantes es de sobra conocida y denostada. Y lo es gracias a otros periodistas que han sacado la cara por la ciudadanía y que llevan tiempo denunciando la represión a la que aspiran las formaciones de la siniestra ideológica.

Esos mediocres jefes de prensa, cual ejecutores de Stalin, creen que el «pollo» estaliniano desplumado es la solución a la disidencia. No es de recibo que aún no hayan presentado su dimisión ante la Secretaría General del Congreso de los Diputados que no reconoció la censura mediática que denunciaron.

Según hemos podido saber, tan sólo un partido ha dado 24 horas a su jefe de prensa para que presente la dimisión irrevocable. Por suerte para la ciudadanía ya se conocen nombres y caras de quienes pretendían atentar contra la libertad de expresión y de información. ¿Aspiraban a ser terroristas al atentar contra la libertad de expresión y comunicación?

Su desprecio a la población y al periodismo se recordarán como una agresión más a la dignidad del informador y una exaltación a la represión, además de un mal canto al oscurantismo y a la traición democrática. Sin duda, los firmantes han cavado su tumba profesional y el mundo de la información y la comunicación ya no es el suyo. No habrá compañero o empresa periodística que no les señale con el dedo allí donde vayan.

Han hecho un pacto con Satanás y éste los ha condenado al fuego eterno que acompaña a la traición, al odio, a la venganza y al comunismo de corrupto perfil. Como profesionales de la información no tendrán mañana: para ellos el «mañana» apenas será un adverbio de tiempo, poco más.

En respuesta a esa fragilidad antidemocrática y ante la chulería demostrada, decenas de periodistas de medios de comunicación democráticos han decidido boicotear su trabajo; es una forma de decirlos que eso que hacen es fascismo del malo, resentimiento, incapacidad para trabajar, desconocimiento de las reglas democráticas. Lo más triste es que el PSOE también vota y defiende eso: es su destino. Comunismo y socialismo son amalgama de violencia, odio y muerte a lo largo de la Historia.

Los firmantes del cutre comunicado han demostrado su catadura moral. Lo mejor de todo es que, gracias al periodismo de investigación, y a informadores concretos que no saldrán a la luz, sabemos con quién se gastan los cuartos los partidos del Gobierno «Frankenstein».

Incluso el propio PSOE no ha dudado en unirse, entre otros, a los herederos de ETA para señalar al periodismo democrático y a quienes defienden la libertad de información y el derecho a la misma. Cuando las encuestas dan perdedor a sus ideas, intentan arañar en la escena antidemocrática lo que no saben defender en democracia y en digna lid.

De todos es sabido que la libertad de prensa y de información es un derecho fundamental al que hay que alimentar en el día a día frente a los dardos violentos y odiosos de este Gobierno sectario, ruin y radical, al que parece que le hacen el trabajo sucio desde las jefaturas de prensa de la izquierda antidemocrática.

Un Gobierno que abandona a la ciudadanía y no da más de sí, es un Gobierno inútil y enfermo. Pero unos traidores que instan al bloqueo de la cuenta de Twitter de quienes les denuncia con el dedo son pasto de Satanás y abanderan el desprecio ciudadano. Tristemente, cuatro murmuradores han podido, sólo de momento, más que un predicador.

De forma burda y traicionera, arrogándose derechos que no les corresponden, han intentado amordazar al país privándole del derecho a la información. No han dudado en utilizar sus cargos ocasionales, a sabiendas del daño que hacían, incluso a su propio partido: «Dale un carguito y sabrás lo que es Pedrito», reza el certero refrán.

Los periodistas que cultivan la represión no merecen ser llamados así sino dictadorzuelos, miserables, corruptos, gaznápiros y otras adjetivaciones más duras. Nunca se ha ganado ni sumado libertad de expresión y tampoco de información con machetes ni escopetas, pero sí con una sonrisa, una carga de dignidad y un ápice de entendimiento.

A esta situación han llegado los partidos de izquierda que dejaron escondida la «cheira» en los zulos de invierno para sacarla en el momento en que ven cómo su opción pierde votos, interés, aprecio y apoyo.

No tengo dudas de que estos energúmenos, que se titulan jefes de prensa, son los que se alegran con el mal ajeno, las balas en sobres y demás trampas que las formaciones de la siniestra llevan a la política con minúsculas y engaños, eso si no la alientan desde sus putrefactas trincheras ideológicas.

Deberían saber que han muerto como informadores y que «morir es penetrar en un cuarto oscuro en donde no hay un solo mueble en que tropezar», en palabras de Fernández Moreno.

Hemos sabido que su traición y torpeza ha llevado a varios de ellos a disculparse en privado. Y leemos en un digital de plena credibilidad que otros han borrado su #Linkedin, pero ya han quedado marcados en la profesión periodística y siempre será fácil taparlos la boca por ejercer el comunismo represor y cainita.

No han dudado en «apuñalar» a sus compañeros de profesión como el que mete la «cheira» en una manzana. Pero estaremos ahí para recordárselo, censurar sus trabajos, señalar a los medios que los contraten y boicotear a las empresas que los acojan para que no vuelvan a insultar al sentido común.

Por cierto, sin disculpas públicas no hay perdón ni redención.

Jesús Salamanca Alonso ( El Correo de España )