MERECEMOS UN GOBIERNO QUE NO NOS MIENTA. O NO

Recuerden aquel 11 de marzo de 2004. El horror de las estaciones de tren cuyo decimoquinto aniversario acabamos de conmemorar. España entera conmocionada. Todos recordamos dónde estábamos en el momento en que conocimos las primeras noticias.

El Gobierno Aznar facilitó en cada minuto del proceso la información disponible. El jefe del Centro Nacional de Inteligencia indicó ese día que no había indicios de implicación islamista. La izquierda tomó la calle al grito de «¡Merecemos un Gobierno que no nos mienta!».

No creo necesario recordar el coste que tuvo la supuesta «mentira» -expresión contraria a lo que se sabe, se piensa o se siente, según el DRAE. Lo que sí sé es que, si se mintió, esa falsedad tuvo un coste mucho más alto para unos que para otros. Al jefe del CNI, un diplomático nada afín al PP al que Aznar puso al frente de nuestra agencia de inteligencia con afán de tener una visión de Estado y no acaparar el poder, nadie le acusó de mentir.

No sólo no se le imputó falsedad, es que Zapatero lo premió nombrándole primero embajador en la Santa Sede y después en Washington. Como decía George Orwell en «Rebelión en la granja», «todos somos iguales, pero unos somos más iguales que otros».

Todos aquellos almodóvares que llenaron las calles de Madrid el 13 de marzo de 2004, pegados a la transmisión de las mentiras de la SER que nos hablaba de los suicidas con varias capas de vestimenta e incitaban a manifestarse ante la sede del PP en la jornada de reflexión -violando la ley sin consecuencias para ellos- están hoy más callados que Judas ante la mentira del presidente del Gobierno.

No hay democracia digna de ese nombre en el mundo en la que hubiera quedado impune 24 horas una mentira tan flagrante como la de Sánchez con su tesis doctoral plagiada y el posterior «documento oficial» avalándole y desmentido ahora por la Comisión de Transparencia y Buen Gobierno (CTBG).

Pero el periodismo detritus en España le permite irse de rositas. Y el doble rasero que se le aplica a Sánchez va siempre en la misma dirección. Porque María Dolores de Cospedal ha abandonado la política por exactamente la misma falta que ha permitido a Dolores Delgado seguir siendo ministra de Justicia.

Sí, yo creo que España se merece un Gobierno que no le mienta. Yo creo que el 11-M el Gobierno no mintió a los españoles. Sí creo que se equivocó, pero eso no es mentir. Y no hay duda de que los españoles hicieron pagar con creces al Partido Popular ese error.

Reto a cualquiera a que me sostenga hoy que Sánchez no ha mentido a los españoles en un asunto que se ha llevado por delante a gobernantes de todo el mundo. Ha sido una mentira en varias fases, sostenida y agrandada con inmensa desfachatez.

Y cuando al fin se ha conocido el criterio de la CTBG, la inmensa mayoría de los medios de comunicación, incluidos los que se presentan como más opuestos a Sánchez, han guardado silencio ante su mentira. Incluso algún motero revestido de estrella del periodismo dice que esa noticia ya está caducada.

Los mentirosos se respaldan siempre. Pero la verdad no caduca nunca. Lo que caducará algún día, cuando Sánchez haya arrasado con esta España, es el falso periodismo que no quiere seguir o citar noticias de enorme gravedad porque las levantó un medio rival. Y es que igual sí que nos merecemos un presidente que nos mienta impunemente.

Ramón Pérez-Maura ( ABC )