MERICHELES

Pasamos por los tiempos de esplendor de las Meritxelles, en español, Mericheles. Merichel Batet, presidenta del Congreso de los Diputados, y Merichel Budó, portavoz o portavoza de Torra, el de la Generalidad. Y ayer, en Sitges, fue nombrada presidenta del Instituto Catalán de Estudios de la Sardana, la tercera Merichel. Merichel Fresús de L´Ampurdá, la más inteligente de las tres, doctora en Virtuosismo de Flauta. Tuvo una infancia dura y ha superado todos los traumas.

La Merichel del Congreso recibió al Defensor del Pueblo Fernández Marugán. No me había enterado de que Fernández Marugán fuera el actual Defensor del Pueblo, cargo de origen escandinavo que se estableció en España durante la Transición para tener ocupado a don Joaquín Ruiz Giménez.

Lo reconocía en privado con hastiada desesperación: «¡Me piden que intervengan por cualquier coza! Ayer me zolicitaron que denunciara a una fábrica de anchoaz en conzerva por diztribuir envazez con la fecha de conzumo zuperada».

Poco a poco se han ido arreglando las cosas y el Defensor del Pueblo conoce los límites de sus responsabilidades, que son tan escasas como la presencia de osos en Guadalajara. En el informe que Fernández Marugán entregó a Merichel Batet, se denuncia la inacción de los ministros de Educación Méndez de Vigo y Celáa frente al adoctrinamiento separatista y la prohibición de la enseñanza en español en las escuelas y colegios de Cataluña.

Para mí ha supuesto, sobre todo, una desagradable sorpresa la inacción de Méndez de Vigo, al que Conchita Velasco considera un gran ministro de Educación y Cultura. Tremenda decepción.

La segunda Merichel es la portavoz de Torra, el de la Generalidad. En sus ruedas de prensa se niega a responder las preguntas formuladas en español. Me parece feo. El Informe de Usos Lingüísticos de la Población de Cataluña (Idescat) estima que la lengua habitual más frecuente entre los ciudadanos catalanes es el español, con un 55,14 de uso cotidiano, frente al 31,02 que se entiende exclusivamente en catalán y el 2,44 que utiliza indistintamente los dos idiomas.

Es decir, que Merichel Budó desaira, desprecia y se recochinea de más de la mitad de los catalanes en beneficio de una notable minoría, que por notable que sea no deja de ser una minoría. La señorita Budó, como todos los supremacistas, está muy mal educada y se comporta como una paleta. Se comporta como una paleta, porque efectivamente, es una paleta. Para qué darle más vueltas a la cosa.

Tiempos de Mericheles. La Merichel del Congreso ha premiado en la ubicación de sus escaños al PNV y castigado al gallinero a los diputados de Vox, que compartirán con Echenique los estratos cimeros de la Cámara Baja. Al contrario, ha mantenido en muy buen lugar a los marqueses de Galapagar, porque Merichel Batet disfruta sobremanera con la nobleza.

Tiempos de Mericheles. La Merichel de Torra, el de la Generalidad, ha decidido que una mayoría aplastante de catalanes no merece la pena, y que en un territorio de España, el español es una lengua inadmisible para formular preguntas. Esta mujer, la Budó, tiene un grave problema de aldeanismo ombliguero de muy complicada solución.

Y nos queda la Merichel tercera, la de Sitges, gran estudiosa y teórica de la sardana. La primera edición de su tesis se publicó en español, y la segunda en catalán, de ahí que no recibiera ayuda alguna del ministerio de Educación en tiempos de Méndez de Vigo, el gran ministro de Conchita Velasco.

No obstante, y para remediar el fallo, Merichel Fresús de L´Ampurdá luce lazo amarillo y acude todos los años a la final del torneo de tenis Conde de Godó. Catalanista total. Y de gran belleza física y estética cuando baila la sardana, esa danza tan animada y serena al tiempo, tan multitudinaria y solitaria simultáneamente, tan divertida super divertida, en resumen.

Tiempos de Mericheles.

Alfonso Ussía ( La Razón )