MERITOCRACIA O » MORROCRACÍA »

Cuentan las malas lenguas que Pablo Iglesias solicitaba encarecidamente un ministerio a Pedro Sánchez y éste, acorralado, pregunta, pero ¿cuál? a lo que Iglesias levantando la cabeza, porque los hombros no le dan de si de “traérsela todo al pairo” menos su sillón, exclamó “igual da”.

 Una no sabe si reír o llorar cuando comienza a ver la cantidad de “memes” que circulan parodiando la desfachatez y el esperpento político que una minoría de españoles ha permitido. Y afirmo, “una minoría” porque es una falacia aquello de que tenemos lo que la mayoría de los españoles deseaba. Eso hemos de agradecérselo nada más que a la Ley electoral y a los políticos que, con mayorías absolutas, no la cambiaron.

El humor es un bien necesario para no caer en la locura. Lo utilizamos constantemente para paliar la certeza de nuestro paso fugaz por este mundo. Pero como todo, consumirlo en exceso puede ser perjudicial al disociarnos de la realidad durante demasiado tiempo.

El dolor es impulsor en la búsqueda de soluciones eficaces a situaciones catastróficas que ponen en riesgo nuestra integridad y supervivencia. Por lo que, una dosis de realidad dolorosa y consciente ya no es que sea necesaria, tal y como está el patio, es imprescindible.

Por ello, tras el chiste introductorio, me tendría que poner muy seria, tanto como serio es el tema por tratar, pero reconozco que resulta muy difícil cuando tenemos que manejarnos con semejantes mentes privilegiadas, productoras de eslóganes tan profundos y edificantes.

Disculpándome por la transcripción de una frase tan soez en este artículo, les cuento. He conseguido entender la famosa proclama hartamente sufrida a través de las pancartas y los megáfonos feministas “empoderándonos desde nuestros coños”.

Y creo que no he sido la única. Ha costado, pero ¡por fin nos ha quedado claro!

¡ En el XX y sus atributos sexuales, está la clave del éxito !

El mensaje tan elaborado viene a decir:

Mujeres del mundo! No necesitáis esforzaros para adquirir conocimientos a través de la investigación y el estudio riguroso. Podéis prescindir de desarrollar un pensamiento crítico alejado de las corrientes dominadas por lo políticamente correcto. Basta con dejaros crecer el pelo de axilas y piernas (creo que ahora de la barba también) y disfrazaros como si viviéramos en un carnaval eterno.

A ser posible, evitad las duchas y utilizad el jabón solo si no queda más remedio. Diariamente, cual borregas y hasta quedar afónicas, repetid mantras pueriles, vacuos y supremacistas. Y el top de los tops, no faltéis a ninguna clase sobre “Feminismo para feminicidas” y ¡las imperdibles!: “Cómo poner la zancadilla a la novia del jefe” y “Claves para tomar el pelo a la gente y que te nombren ministra”.

Bien. Ironías aparte.

Las mujeres que no nos consideramos víctimas, que abanderamos la defensa de lo femenino y lo masculino como entidades diferentes, necesarias y complementarias, sentimos “vergüenza de género”.

Las mujeres que trabajamos por una igualdad real que no nos llena de derechos y desliga de las obligaciones, experimentamos una profunda e inquietante preocupación que nos expropia la alegría y el sueño.

Tememos por las generaciones presentes y futuras a las que se inoculan, desde escuelas y medios de “desinformación” ideologías destructoras de sus incipientes identidades.

Y faltaba la guinda de esta tarta a lo Tim Burton.

Ahora, tenemos figuras en el mismo gobierno, que reafirman como modelo de éxito el prototipo de mujer del que nos habíamos desprendido: la mujer que se autoproclama víctima, que, como las grandes “instigadoras” de la historia, maltrata a sus congéneres y que llega al poder a través de la utilización de los atributos que le confieren sus cromosomas XX.

Soy mujer, hoy en día, todavía libre.

 La izquierda se atribuye defender la libertad de expresión frente a una opresora derecha. Vamos a ver cuánto tardan en censurar esta simple unión de palabras.

Mis compañeras del correo y yo contamos con esa persecución.

Quizá, todas esas “mujeres empoderadas” no saben que, con cada ataque, reafirman nuestro verbo y nuestra determinación a alzar la voz.

Tania Evans ( El Correo de Madrid )

viñeta de Linda Galmor