MERKEL DA A SÁNCHEZ UNA LECCIÓN REALISTA SOBRE INMIGRACIÓN

Era inevitable que la inmigración se convirtiera en el asunto que monopolizó ayer la reunión entre Pedro Sánchez y Angela Merkel. La canciller aceptó la invitación para pasar el fin de semana en Doñana y mantener un encuentro más distendido que el que permiten las cumbres oficiales, igual que en su día hizo con Rajoy. Cabe, antes que nada, aplaudir el reflejo de Sánchez, quien, por lejos que pueda estar en lo ideológico de la líder alemana, es consciente de la importancia para España de tener una sólida y fluida interlocución con la locomotora europea. Mejor nos irá cuanto mejor le vaya a Alemania y cuanto más sólidos sean nuestros vínculos con Berlín y París.

Se da la circunstancia, además, de que en el espinoso asunto de la gestión migratoria Merkel y Sánchez se necesitan mutuamente. El español, nada más llegar a La Moncloa, se convirtió en un salvavidas para la canciller al comprometerse a aceptar la devolución a nuestro país de aquellos migrantes que lleguen a Alemania tras acceder ilegalmente a la UE por España.

Un acuerdo que permitió a Merkel salvar la gran crisis política con su socio bávaro, lo que hizo que el Gobierno de gran coalición de Berlín no saltara por los aires. Y, a cambio,Sánchez ha logrado que la canciller se convierta en su principal apoyo en la dura negociación entre los Veintiocho para desbloquear fondos que irían destinados sobre todo a Marruecos o Túnez con el fin de que refuercen el control migratorio. No será fácil vencer las resistencias del grupo de países cada vez más numerosos que mantienen una posición más dura ante este desafío. Y, en todo caso, Merkel desinfló también el discurso buenista que el líder socialista ha venido manteniendo en este asunto, dejándole claro que los inmigrantes ilegales deben ser devueltos a sus países. No puede haber papeles para todos.

Ambos mandatarios tienen razón cuando subrayan que la gestión de los flujos y el control de las fronteras compete a toda la UE y exige coordinación y solidaridad. Deben establecerse mecanismos para hacer efectivas las repatriaciones de quienes no tienen derecho a quedarse en Europa, igual que es necesario un reparto equitativo entre los Veintiocho de quienes tengan derecho al asilo. Sólo una política realista pondrá freno al monstruo populista que amenaza el sueño comunitario.

El Mundo