MESA SIN TAHÚRES

La ingenuidad disminuye con los años, pero nunca se me ha ido del todo, y confieso que durante algún tiempo albergué con candor la posibilidad de que la mesa de los socorros mutuos fuera una mesa de tahúres, porque eso le podía dar a la partida cierto interés, más allá de la vejación que supone para el Estado ponerse de rodillas antes una pandilla de delincuente, arropados por una bandera y una ensoñación.

Veía la mesa con El Inhabilitado (Torra), El Mentiroso (Sánchez), El Procesado (Jové) y El del Marrón (Ábalos) y nació una cierta esperanza de que El Mentiroso, que es el más hábil de todos, fuera de farol en farol hasta el 155 final, que es el momento

 en que se vuelca la mesa y se convocan elecciones generales, para intentar barrer en las urnas bajo el bonito bolero que lleva por título: «Lo he hecho todo por vosotros, dadme cuarenta escaños más y veréis lo que es amor».

Vaya en mi disculpa que el razonamiento poseía su lógica: si mintió con la tesis doctoral, mintió en la moción de censura, mintió a Ciudadanos y a Podemos, mintió en la campaña electoral («¿Cuántas veces quiere que se lo repita?») parecía consecuente que, a la postre, le mintiera también a la pandilla.

¡Ah, mi ingenuidad! Se le ve a gusto. El presidente del Gobierno social-comunista se nota aliviado de la pesada carga de un PSOE preso de la socialdemocracia que le impuso Felipe González, y ha recuperado el PSOE tradicional, el del intento de golpe de Estado de Asturias, el del pucherazo en las elecciones de 1936, el PSOE del Frente Popular, que ya intentó recuperar Zapatero, y que sigue sacrificándose, porque hay que tener espíritu de sacrificio para viajar 39 veces a Venezuela, a no ser que tengas allí a un padre, un hijo o algo así.

No hay tahúres, sino el socorro mutuo basado en los mismos objetivos de siempre, y el renacimiento de ese PSOE que llama derechona a los conservadores y se alía con la burguesía de Neguri en el País Vasco o con la burguesía de L’Eixample en Cataluña, cuyo dinero parece que no viene de la explotación de la clase obrera, sino del entusiasmo por romper España.

La única esperanza que queda es que, más allá de las pandillas secesionista, en el resto de las autonomías los votantes socialistas lleguen a la conclusión de que este camino de pasar por alto los 70.000 millones del derroche catalán, y apretar al resto de las comunidades autónomas, no va a traer ni la felicidad, ni la concordia, ni la paz.

Es la única esperanza. Porque en la mesa de socorros mutuos no hay tahúres, e incluso se creen la película que han montado.

Luis del Val ( ABC )