En primer lugar pido disculpas porque hoy, todos cuanto escribimos una sola línea debería la misma  estar dedicada, única y exclusivamente ,  a luchar por dar una patada,  en las posaderas de Falconeti y del Coletas,  ¡las de esos dos miserables canallas  que nos gobiernan!

Mi radicalismo ha llegado hasta convencerme de que  toda otra palabra escrita por   cualquiera que ame a España,  es inútil y una pérdida de tiempo si no busca ese objetivo. Por lógica,  pues — y vista la decisión de mis conciudadanos de vivir ajenos a la realidad y no enterarse del hambre, la miseria y el terror al previsible tiro en la nuca que tenemos a las puertas–, pido perdón a mis lectores por  escribir sobre otros temas.

Hoy empieza la Cuaresma sin que el embustero de la tesis de la que no es autor, se haya enterado,… como sí lo hizo del Ramadán.

Nos han dicho, al imponernos la ceniza  o  se lo dirán,  si van por la tarde: “Memento homo, quia pulvis eset in pulvis reverteris”, (“eres polvo y volverás al polvo”)…y vienen a mi mente los versos de nuestros poetas excelsos que no sólo producen  el placer del arte,… ¡no!  Son algo más: su belleza literaria,  tiene un “algo indefinible” capaz de hacernos encajar en su misma  esencia,  como en un traje a la medida…

Pienso en Gabriel y Galán,  en Jorge Manrique,  en Juan de la Cruz…  y en tantos otros genios de la maravillosa poesía española.

“Yo he nacido en esos llanos de la estepa castellana, cuando había unos cristianos que vivían como hermanos en república cristiana. Me enseñaron a rezar, enseñáronme a sentir y me enseñaron a amar; y como amar es sufrir, también aprendí a llorar.

Cuando esta fecha caía sobre los pobres lugares, la vida se entristecía, derrábense los hogares y el pobre templo se abría...etc.

Escocho a mi paisano Jorge Manrique:

Recuerde el alma dormida, avive el seso y despierte…

Pues si vemos lo presente cómo en un punto se es ido y acabado, si juzgamos sabiamente, daremos lo no venido por pasado. No se engañe nadie, no, pensando que ha de durar lo que espera más que duró lo que vio, pues que todo ha de pasar por tal manera.

Y esos recuerdos van unidos al sentimiento que te llegaba por los cinco sentidos,  unido a los olores del bacalao, y a la ausencia de cines, bailes y espectáculos, a la música difundida  y  al recogimiento instintivo,  fruto de un tiempo en el que la iglesia parroquial era el “ala protectora” y el corazón de la vida del pueblo…

Todo eso murió  hace  más de medio siglo… por dos motivos: Uno, el lujo y las riquezas consecuencia de la paz y el trabajo traídos por la Victoria, el Régimen de Franco y el trabajo de los españoles reconciliados, al darle más importancia a su disfrute que a valorar y agradecer la Causa…, y en segundo lugar, desapareció, como fruto de la traición de muchos de los Jerarcas de la Iglesia Católica española a su misión.

No supieron aprovechar la ocasión brindada por el Régimen Vencedor poniendo a “disposición de la Iglesia verdaderas autopistas” para la organización (de un fácil y eficiente Apostolado)  y legislando siempre bajo las directrices del Catolicismo…

Nunca he comprendido a esa Jerarquía ciega y vaga, cuando tenía el ejemplo de sus misioneros actuando eficazmente y con todo celo apostólico por todo el mundo… No quiero glosar más esa indolencia o necedad. Sobre todo que ya no sirve de nada. Salvo para estudiarlo  como ejemplo de lo que no se debe repetir.

No es disculpa sino explicación el recordar que, en España  durante  el siglo XX se limitaron a copiar a los “más avanzados” de Europa y del mismo Vaticano, Cuando España fue grande, “no copiaba”, “marcaba el camino” y eso es lo que le correspondía haber hecho después del ejemplo de heroísmo y martirio dado pocos años antes para asombro del Mundo, (sin un solo apóstata o renegado)…

Treinta años después entre nuestros Jerarcas teníamos  los mejores modelos  de todo lo contario, con obispos etarras –o casi—y una Iglesia vasca cobarde,  digna de la mayor vergüenza,  negándose a rezar por las víctimas del amor a Dios y a España y asesinadas por los cachorros alimentados por los párrocos y los seminarios; y obispos tan indignos que mancha el solo nombrarlos — como Setién o Cirardeta–.

Por otra parte, en el resto de la Iglesia no “separatista”,  otros ministros del Señor, la desprestigiaban con su odio a quien había devuelto a la Iglesia su Libertad y sus bienes, reconstruido sus seminarios y colegios, etc,. como Tarancón y Yáñez y la “troupe” fiel a los enemigos de España como los Montini o Roncalli…

Estos habían olvidado las lecciones de los dos grandes últimos papas de la Iglesia “no deshecha”, S.S. Pio XI y S.S. Pío XII que bendijeron de corazón a nuestros Ejércitos y los defensores de la verdadera Libertad, y distinguieron y honraron al Caudillo con la máxima condecoración de la Iglesia, la Orden de Cristo.

Sin   la traición a su misión de estos  sucesores de los Apóstoles e incluso de San Pedro,  España no se habría degradado hasta las profundidades máximas que nos toca vivir y que puede ser su agonía.

Ya no tengo edad para vivir lo que se nos tiene encima y por eso, de corazón,  acompaño en el sentimiento a los españoles que no ven motivos de esperanza al haber perdido la facilidad y seguridad de poder distinguirla.

Gil de la Pisa ( El Correo de España )