MI VECINA LOCA

Creo que he encontrado en mi vecina toda la locura de España, de Cataluña, de Puigdemont, de Sánchez. Ahí, detrás de un cactus con monedas en el tiesto, de un trapo de cocina extendido como el crimen de una familia de mandarinas, de la persiana medio echada que convierte a todas las casas precisamente en un crimen. Aunque a lo mejor mi vecina no es española, porque no la conozco, sólo me la imagino como una sacerdotisa loca del desayuno.

Cada mañana, mi vecina pone el mismo disco, la misma canción de Florence and the Machine, y empieza no a cantarla, sino a gritarla o a sacársela de las tripas, de una manera feliz pero purgativa, ritual pero urgente, centrífuga pero cansina. No es una música tan horrible, aunque Florence Welch tiene tendencia a cantar como tirándose de los pelos. Pero mi vecina, despertada en salvaje, entre la selva de nailon y telefonía de los tendederos de Chamberí, convierte aquello en Tarzáncolumpiándose por el patio. Así cada mañana, salvo quizá algún día, que entonces parece repentinamente talado, en chaflán. Intentar la felicidad de esa manera tan desesperada y molesta, tan similar a un suicidio o a evitarlo justo en la cornisa, como las aves. No sé si es locura o sólo triste soledad. O ganas de joder, sin más.

Suena mi vecina, como ahogándose con serpientes en la ducha o en la plancha, y pienso que en Vic están como ella, cantándose la felicidad del procés a una hora de Ángelus o de pastilla, más como electroshock que como alegría, más como pesadilla que como despertar. Igual que ese himno de los CDR, con la música como de mosqueperro de Los miserables (el musical ya degradó la obra, pero ahora parece cantada por aquellos payasos asesinos que estuvieron tan de moda). No es sólo la repetición, claro, sino no darse cuenta de lo enfermizo de esa repetición, de que esa compulsión agónica sólo lleva a otra recaída agónica.

Como le pasa a mi vecina, o al independentismo, o al PSOE. Torra se repetirá en su discurso de mañana, cuando vuelva a lanzar la vía secesionista como otra canción, encabritada y exacta a la anterior, de Florence and the Machine. Y Sánchez se repetirá como un Zapatero de pómulos retallados. Como se repite Carmen Calvo a sí misma desde que regresó para ser ella misma otra vez, o sea un como ratoncito político de gato andaluz. Nos repetimos en las guerras y en los fracasos, en el odio y en la estupidez. Y en el joder. Mi vecina, loca o españolísima, no deja de joder.

Luis Miguel Fuentes(El Mundo )