MIENTRAS ARDE LA AMAZONIA

El mundo está revuelto, pero no más que antes. Lo que ocurre es que en el pasado no sufríamos este estado de sobreinformación que tiene, como paradoja del tiempo presente, el hecho de que ya nada nos escandaliza.

El exceso de oferta informativa genera un efecto narcotizante y un relativismo que solo beneficia a los radicales, sean del signo que sean. El G-7 francés de estos días pasados fue una buena demostración de todo cuanto escribimos más arriba.

Francia, con su presidente Macron, cuyas ínfulas napoleónicas mueven más a la risa que a la náusea, se empeña en demostrar una «grandeur» perdida hace décadas. China y Estados Unidos siguen en una guerra que por momentos parece la de Gila, si no fuera porque las bolsas se la toman en serio.

El Reino Unido está a la búsqueda del pasado perdido, que es la empresa más estéril del ser humano. Ahí en medio, los españoles, que no pintamos nada, fuimos representados por un «groupie» del poder que anda mendigando fotos por el mapamundi a cargo de nuestro bolsillo… y mientras, la selva amazónica sigue ardiendo.

El Astrolabio ( ABC )