Si nos guiáramos por el razonamiento torticero empleado por los títeres golpistas que usurpan la Moncloa, avalados por los escaños de la pandilla antiespañola, el mejor sistema para desarmar y neutralizar a los delincuentes consistiría en mimarlos.

Una benevolencia que, para no violar las leyes de igualdad, se debería aplicar a carteristas, atracadores, narcotraficantes, sicarios, proxenetas, okupas, terroristas, rebeldes, sediciosos, malversadores y corruptos. Por el contrario, sancionarlos con todo el rigor de la ley, poniéndolos en manos de la policía y la justicia penal, los reforzaría, si se cumplieran los pronósticos de los abanderados del caos que nos desgobiernan.

Aunque la idea parezca aberrante (y lo es), esto es lo que se desprende de la burda provocación que Pedro Sánchez le espetó a Pablo Casado en el Congreso de los Diputados: “Vaya con cuidado, porque antes se erigieron en los supuestos defensores de la unidad de España frente al independentismo catalán y ya ve cómo acabamos”.

O sea que, según el Gran Felón, acabamos apechugando con el Gobierno de una comunidad autónoma sublevada y camino de fundar una república independiente, amputada del territorio español, porque el PP… y Ciudadanos y Vox y la vieja guardia socialista y la sociedad civil leal al texto íntegro de la Constitución, aprobaron que se investigara y penalizara a quienes el Tribunal Supremo condenó como delincuentes sediciosos y malversadores, en lugar de mimarlos como lo hace el Gobierno entreguista.

En realidad, si acabamos con esos señores feudales envalentonados, es porque el amancebamiento sanchista-comunista los mima -vaya si los mima-, cede a sus chantajes y les ofrece, a cambio de sus votos espurios, todos los privilegios que exigen.

Y el resultado es la existencia de una reserva tribal con apariencia de república, donde no rige la Constitución española, anomalía esta que deja desamparados a los millones de ciudadanos víctimas de la discriminación étnica, política, económica, social y cultural.

Con el añadido de que a los caciques belicosos de la tribu les aguarda una mesa de diálogo, si están en libertad, y el indultola amnistía o la licuefacción del Código Penal si están en la cárcel purgando sus fechorías. Con la aprobación de los tránsfugas de la Moncloa que, además de renegados, son cobardes.

Los mimos a los delincuentes secesionistas y, no olvidemos, a los albaceas de los asesinos etarras, también benefician a la erupción bolchevique que inflama al Gobierno. Con la misma desfachatez con que él Gran Felón atribuye a la profilaxis constitucionalista el crecimiento de la pandemia secesionista que él y sus compinches estimulan, ahora los histriones leninistas se burlan de los patriotas insobornables adjudicándoles el crecimiento de la pandemia republicana que ellos, los conjurados subversivos, propagan.

Me explico: la dictadura chavista tiene un vicepresidente segundo instalado en el Gobierno español. Este infiltrado, Pablo Iglesias, imitó el truco deleznable del trilero Pedro Sánchez cuando le reconvino irónicamente a Pablo Casado: “Identificar la Monarquía con sus ideas de derechas hace muchísimo daño a la Corona y le acorta la vida.

Como republicano le pido no me haga el trabajo”. Como confiesa Iglesias, el trabajo contra la Corona para dañarla y acortarle la vida ya lo están haciendo sin disimulo él, Pablo Echenique, Gerardo Pisarello, Jaume Asens, Carles Puigdemont, Oriol Junqueras, Arnaldo Otegi y el resto de la quinta columna supremacista, comunista y montonera conchabada para demoler la España democrática y cercenarla de la civilización europea.

Quien defiende visiblemente a la Monarquía no es solo la derecha, como enfatizan arteramente el diputado sabinoaranista Aitor Esteban y la activista Mónica López aupada en RTVE por su vocación sectaria, sino la ciudadanía racional en su totalidad.

Y quien la ataca es la hez de la política antidemocrática, antiespañola y antieuropea. Pedro Sánchez mima desde su poltrona a esta hez, que ya no le quita el sueño y con la que se siente hermanado, y lo que deben hacer los patriotas de derechas, izquierdas y centro, es sumar sus fuerzas para sofocar el golpe de los delincuentes mimados y de los tartufos disfrazados de republicanos.

Antes de que sea demasiado tarde.

Eduardo Goligorsky ( Libertad Digital )

viñeta de Linda Galmor